Heterodoxia

¿Otro complot?...

La actitud juvenil insumisa revela que en este colectivo social hay reclamos e insatisfacciones que no han sido entendidas ni atendidas.

Mientras en el frente politécnico las cosas parecen encaminarse hacia una solución civilizada, el asunto de Ayotzinapa se complica cada día más.

Es un dato duro que detrás de los conflictos explosivos y difíciles de abordar que ha enfrentado el gobierno ha estado siempre la rebeldía de los estudiantes jóvenes: desde el #YoSoy132 de la Ibero, hasta el derrocamiento de la directora en el Politécnico, pasando por la rebelión de los normalistas en Guerrero, Oaxaca y Michoacán.

Esta actitud juvenil insumisa se ha convertido en un foco de alarma permanente para las autoridades, y revela que en este colectivo social hay reclamos e insatisfacciones que no han sido entendidas ni atendidas.

Está claro, por lo que afirman sus consignas, que entre muchos jóvenes estudiantes hay rechazo hacia las reformas estructurales aprobadas. Quizá porque la juventud desconfía siempre de las intenciones de la autoridad. Pero un buen número de estudiantes mexicanos, sobre todo los que provienen de hogares pobres —como los normalistas y politécnicos— parecen no compartir el optimismo de las autoridades federales sobre el futuro promisorio que augura el México reformista. Tal vez porque la dura experiencia cotidiana de privaciones que padecen con sus empobrecidas familias les lleva de la mano al enojo y la inconformidad.

Por lo visto también hay sectores de la población juvenil que no comparten la filosofía aspiracional que difunde, machaconamente, la publicidad pública y privada. Ellos parecen reclamar cambios reales, que se reflejen, cuanto antes, en la bolsa familiar y en su calidad de vida, y no se entusiasman con proyectos de desarrollo que les parecen lejanos o cosméticos. Y, es por eso, que este colectivo ha estado dispuesto a mostrar su inconformidad reclamando a gritos en las calles.

Por tanto, para el caso del diálogo con el Politécnico, parece conveniente que las autoridades se conduzcan por la vía de la apertura dialogante y la disposición verdadera de atender los reclamos mediante la asignación de mayores recursos financieros a la educación. Hay buenas expectativas de que con este método se pueda disolver la desconfianza mutua y encausar positivamente el conflicto.

Si, en cambio, las autoridades persisten en mantener las mismas actitudes autoritarias que propiciaron la bronca, con el pretexto de “modernizar” la educación, y se muestran mezquinas en lo económico, la insurgencia brotará nuevamente.

Recordemos que el rechazo a los cambios impulsados por la directora derrocada se dio porque algunos miembros de la comunidad politécnica creyeron ver en los nuevos planes de estudio un intento tramposo del despotismo ilustrado para imponer al país un injusto sistema de distribución del trabajo y el ingreso.

Mientras tanto, en el otro frente de batalla la opinión pública pregunta:

¿Dónde están los normalistas? ¿Cuál fue el móvil de la masacre? Y reclama que estas interrogantes deben ser respondidas por el gobierno cuanto antes, para recuperar la gobernabilidad y la legitimidad perdidas.

Las hipótesis que circulan sobre los autores intelectuales del crimen dan para todo:

 ¿Fue el presidente municipal de Iguala y su narcofamilia quienes decidieron darles a los rebeldes un brutal escarmiento?

¿Fueron los enemigos del gobernador quienes, mediante una matanza de inocentes, deseaban debilitarlo y derrocarlo?

¿Fueron los enemigos del Presidente de la República, ocultos dentro del mismo sistema, quienes con el propósito de debilitarlo, maquinaron la masacre y el escándalo?

¿Fue un complot internacional para debilitar a las instituciones nacionales y disponer, con mayor facilidad, de nuestros recursos naturales?

¿Fue la misteriosa nomencklatura que también mató a Colosio?

¿Fue una mezcla de todo lo anterior?

Estas son algunas de las confusas interrogantes que agobian a la sociedad informada de dentro y fuera del país.

Por tanto, resulta evidente que la paz social y el juicio de la historia dependerá de cómo responda el gobierno al reto del Politécnico y a las interrogantes de Ayotzinapa.

alvalima@yahoo.com