Heterodoxia

Venezuela…

Con la represión y la desaparición de opositores, la incapacidad para administrar y el aislamiento internacional, el gobierno de Maduro ha reducido el espacio de maniobra que le quedaba.

La telenovela venezolana ha iniciado nuevos capítulos. En su renovada aparición, la pantalla ha empezado a chorrear sangre y el desenlace puede adoptar tintes dramáticos que nadie había imaginado.

Efectivamente, continúa la desastrosa actuación del galán bigotudo, salvador heroico del pueblo ante el perverso imperialismo yanqui. También siguen en escena sus aliados distantes, los dos ancianos dictadores cubanos, hábiles engañabobos que, a cambio de algunos miles de millones de dólares en petróleo, aconsejan y protegen al prócer bolivariano de las asechanzas de la burguesía y los fascistas (opositores). También revolotea alrededor del melodrama Cristina, la tardía nieta de Evita, desde el devaluado y endeudado Buenos Aires. Así mismo, los camaradas Correa, Evo y Ortega, entusiastas porristas del socialismo del siglo XXI, ahora con poco gas para mantener su vigor por mucho tiempo.

En cambio, casi no se ha oído del apoyo de los amigos y socios de reciente cuño: Irán y Bielorrusia, ocupados en sus propios pleitos.

Los que sí han manifestado opinión son los chinos: ellos ya han puntualizado que la enorme deuda que adquirió con ellos Chávez está garantizada —independientemente de quién gobierne—, por las reservas petroleras.

Pero la actuación de todo este elenco ha entrado en grave crisis en las últimas semanas. Primero, por la costosísima puesta en escena del culebrón: es bien sabido que los carnavalescos capítulos del ascenso y muerte del caudillo Hugo Chávez le costaron al país todas sus reservas en divisas y la enorme fortuna generada por la venta de hidrocarburos. Además, porque las alucinadas reformas de Hugo debilitaron la planta productiva del país y ahuyentaron a los estratos sociales ilustrados que mantenían la producción y distribución de bienes y servicios.

Así que lo que ha quedado en el país, como lo atestiguan los datos y los medios, es violencia, odio, inflación, corrupción, desabasto y desorden.

Aquella esperanza que significó por un tiempo Chávez, para que los inmensos recursos petroleros se distribuyeran con mayor justicia entre la población y se lograran mejores oportunidades para los pobres, se ha ido desvaneciendo en el desmadre.

Lo que ahora vive el hermoso país caribeño es una división profunda y agresiva en el medio de la sociedad que parece no tener conciliación pacífica posible.

Por una parte están los enormes agrupamientos de venezolanos pobres, que empezaron a recibir subsidios de Chávez y que no están dispuestos a regresar a su antigua condición de marginados olvidados.

Y por la otra, los combativos estratos de las clases medias que tampoco están dispuestos a perder, para siempre, a causa del autoritarismo y la demagogia, su deseo de vivir en un país próspero y democrático.

Y en medio de todo este lío, un ejército corrupto y ambicioso que permanece expectante. Irónicamente, todos ellos, chavistas y opositores, flotando en un inmenso mar de riqueza petrolera, ampliamente codiciada.

Estas desastrosas condiciones se han agudizado en los últimos días por las manifestaciones de estudiantes inconformes que han sido violentamente reprimidos. Muertos, heridos y encarcelados ha sido el terrible resultado de la incapacidad del gobierno de Maduro para buscar el diálogo y la negociación.

La ONU, el Departamento de Estado, la Unión Europea y algunos gobiernos latinoamericanos han exhortado a Maduro a buscar una salida incluyente para la crisis. Hasta ahora inútilmente.

Hace horas, en medio de una espectacular manifestación, se entregó a las autoridades el valiente líder juvenil Leopoldo López, acusado grotescamente de terrorismo y homicidio.

Así que, con la represión y la desaparición de opositores, la gran incapacidad para administrar y el aislamiento internacional que está surgiendo, el gobierno de Maduro ha reducido, torpemente, el poco espacio de maniobra que le quedaba.

¿Podrán los herederos de Chávez y sus asesores cubanos encontrar una salida razonable y pacífica a todo este desastre?

¿Se conservarán leales al régimen los militares venezolanos?

¿Habrá todavía tiempo y condiciones para que el gobierno y la oposición busquen una transición pactada?

¿Estallará una guerra civil?

Pronto lo sabremos.

alvalima@yahoo.com