Heterodoxia

Sudacas…

La realidad está en el centro de las posiciones extremistas. En América, habrá que tener cuidado con la llegada de los arrogantes náufragos europeos y su intento por vendernos espejitos políticamente correctos. Recordemos que para muchos de ellos no somos más que incautos "sudacas multiétnicos".

En medio de la crisis económica, política y social que vive Europa, han empezado a caer las primeras bajas importantes de la cúpula en el poder.

La más espectacular ha sido la apresurada abdicación del titular de la corona española: el borbón Juan Carlos. Pero no se ha derrumbado solo, lo ha acompañado en su renuncia el poderoso Alfredo Pérez Rubalcaba, líder del Partido Socialista Obrero Español. Los han seguido en su debacle los conservadores Rajoy, Cameron y Berlusconi, que no cayeron, pero perdieron millones de votos en las recientes elecciones europeas y ven, cada día, cómo se erosiona la base social de sus partidos.

Ni que decir del socialista francés Hollande, cuyo partido cayó al último lugar en las preferencias electorales, derrotado por la derecha extremista de Marine Le Pen. De tal manera que los partidos tradicionales, antiguos paradigmas de la izquierda y la derecha mundiales, parecen naufragar en la sorprendente confusión ideológica que ha irrumpido en Europa.

El mundo político está conmocionado: ¿cómo ha sido posible que la, hasta hace unos años, próspera y orgullosa Unión Europea haya perdido vertiginosamente la estabilidad y el rumbo? ¿Qué ha ocurrido en el interior de la inteligencia y la voluntad europeas para haber llegado a este estado de debilidad e incertidumbre? ¿Dónde va a parar este aparente suicidio de lo que fue, hasta hace muy poco, el modelo y la esperanza del mundo? ¿No será que todo es superficial y pasajero y pronto veremos resurgir, otra vez, fuerte y próspera a la Unión Europea?

Hasta hoy, tales interrogantes no tienen respuesta. Pero lo que sí hay son interesantes y polarizadas interpretaciones:

Los que esperan una pronta recuperación afirman que otras crisis similares han ocurrido también en el pasado y Europa siempre las ha superado. De tal manera que —afirman los optimistas— poco a poco los síntomas del malestar irán desapareciendo. Pronto, un nuevo elenco político rejuvenecerá el poder y hará una renovación institucional para barrer lo obsoleto y corrupto y dar paso a una economía más competitiva y a una democracia vinculada verdaderamente a las personas.

Porque el futuro de la humanidad —dicen— se parecerá al modelo que los europeos han construido: naciones civilizadas, generosas con sus ciudadanos y respetuosas de los derechos humanos. Particularmente sensibles con las demandas de las minorías. Sociedades laicas, cultas y solidarias, distantes de las supersticiones y los fanatismos, bien asentadas en los valores del Renacimiento, la Ilustración y la solidaridad social. Una síntesis armoniosa entre libertad y justicia que seguramente volverá a resurgir como modelo a seguir.

Una muy distante perspectiva tienen los pesimistas. Ellos afirman que esta crisis europea es terminal. Que Europa nunca volverá a vivir el sueño egoísta y fantástico de los últimos cuarenta años porque está sustentada en bases económicas huecas y frágiles. Con finanzas públicas deficitarias y endeudadas, incapaces de resistir los enormes gastos de la sociedad del subsidio. Con una población envejecida, reblandecida y autocomplaciente que solo sabe quejarse y fantasear. Que ha perdido la motivación y la capacidad para competir y vencer.

Estos mismos críticos afirman que el europeo contemporáneo extravió su determinación y voluntad en medio de las terribles matanzas causadas por líderes y partidos perversos y demagógicos. Tragedias que vienen de larga data y citan los casos de Hitler y Stalin como los máximos verdugos de sus propios pueblos. Pero también mencionan la traición de los corruptos socialdemócratas y a los ineficientes conservadores contemporáneos. Por último, estos malpensados afirman que la decadencia europea definitiva ya se inició y que la única esperanza que queda es que el desastre ocurra de manera lenta y poco estridente.

Como en todo, quizá la realidad está en el centro de las posiciones extremistas. Mientras tanto, aquí en América habrá que tener cuidado con la llegada de los arrogantes náufragos europeos y su intento por vendernos espejitos políticamente correctos. Recordemos que para muchos de ellos —como hace 500 años— no somos más que incautos sudacas multiétnicos.

alvalima@yahoo.com