Heterodoxia

Saqueos y vandalismo…

Será difícil que estos peligrosos y aterradores eventos antisociales de saqueo y vandalismo no ocurran otra vez. Los elementos destructivos están ahí.

Los saqueos, el vandalismo y el desabasto no son una novedad en México. Ocurrieron en 2005 en Cancún. Quizá en mayor medida de lo que sucedió ahora en Los Cabos.

Resulta útil recordar que el huracán caribeño Wilma destrozó infraestructura, viviendas y hoteles de la costa mexicana y despertó los peores instintos de algunos habitantes de la región.

El meteoro golpeó la zona turística del norte de Quintana Roo en las primeras horas de la tarde del 20 de octubre de 2005 y se mantuvo ahí, girando y destruyendo, durante 70 horas. Los habitantes, oportunamente informados por las autoridades, se refugiaron en sus domicilios mientras la gran mayoría de los turistas fue ubicada en los albergues. Estas previsiones evitaron pérdidas humanas.

Fue una noche terrible, las violentas rachas de viento y agua de 250 kilómetros por hora derribaron postes, rompieron ventanas y levantaron techos. El mar avanzó hacia dentro de la tierra, inundando construcciones, fracturando y derribando.

Todos los servicios públicos de agua, drenaje, energía y comunicaciones fueron afectados y dejaron de funcionar. Así permanecieron más de una semana. El aeropuerto dejó de operar. Las carreteras hacia Mérida y Chetumal resultaron inservibles. La zona quedó incomunicada. Y lo más grave: la seguridad pública desapareció de las calles durante varios días.

Los habitantes vivieron a la deriva, abandonados y sin nadie que se hiciera cargo de garantizar sus derechos o propiedades.

Tal y como ocurrió ahora en Los Cabos, durante dos días cientos de personas convertidas de pronto en energúmenos, a bordo de vehículos, saquearon tiendas de conveniencia, supermercados, farmacias y plazas comerciales.

Ante el rumor, días después, de que las autoridades realizarían cateos domiciliarios, aparecieron, abandonados, en jardines y camellones, montones de medicinas y bienes robados. Nadie fue detenido por estos actos.

Es un hecho conocido, pero soterrado, que las zonas turísticas costeras del país guardan detrás de su atractiva fachada frágiles estructuras económicas y sociales. La mayoría de sus habitantes vive con lo que consigue al día en trabajos precarios, por lo que sus despensas están casi vacías y hay muchas necesidades insatisfechas. Como emigran de otras regiones, con pocas intenciones de arraigo, su vinculación con la comunidad es escasa. Los trabajos a los que acceden en el sector turístico son en su mayoría eventuales, lo cual impide el ahorro o la acumulación de bienes. El desempleo temporal es un fenómeno generalizado. Por tanto, muchos individuos que ahí viven tienen pocos bienes para subsistir y pocos escrúpulos para conseguirlos en caso de desabasto.

Asimismo, el lujo excesivo, el racismo y el clasismo, el ambiente de frivolidad y los excesos generalizados poco ayudan a crear un ambiente de respeto y solidaridad entre los habitantes. Más bien priva en muchos el egoísmo, la envidia y la evasión: el disfrute, aquí y ahora del placer de los sentidos.

Así que será difícil que estos peligrosos y aterradores eventos antisociales de saqueo y vandalismo no ocurran otra vez. Los elementos destructivos están ahí. En Cancún, Playa del Carmen, Huatulco, Acapulco, Zihuatanejo, Puerto Vallarta y Los Cabos. Como también lo estuvieron en Nueva Orleans y Long Island después de los huracanes que padecieron.

Así que, si bien no se podrá erradicar el vandalismo poshuracánico, algo podemos hacer para atenuarlo:

1. Difundir un texto inteligente que informe a toda la población que México, por su ubicación geográfica, tiene que convivir con huracanes cada año. Que estos fenómenos inevitables traen riesgos peligrosos, pero también beneficios.

2. Construir a mediano plazo, a través de los medios y la educación formal, una sólida cultura de protección civil.

3. Convertir el Servicio Militar Nacional en un servicio de protección civil en las zonas de riesgo.

4. Establecer, al lado de los albergues, almacenes de agua y comida empacada.

5. Crear una fuerza civil de protección social permanente con ciudadanos voluntarios.

6. Crear consejos locales para difundir una cultura de solidaridad que propicie las conductas positivas y condene las negativas.

En síntesis: lograr que muchos pongamos nuestro granito de arena. La sobrevivencia parece ser tarea de todos.

alvalima@yahoo.com