Heterodoxia

Románticos…

¿Cuántos sueños, fantasías, cantos, poemas, ensayos, libros, coros, filmes, documentales, bailables fueron dedicados, durante décadas, a la heroica construcción del —ahora sabemos, fallido— socialismo cubano?

No hay duda de que la naturaleza humana tiende hacia el autoritarismo. Las abrumadoras pruebas las encontramos en nuestros hogares, gobiernos, policías, universidades, empresas. Donde no falta el Napoleoncito, el Estalincito o el Porfirito.

Y también que el miedo que genera el autoritarismo propicia la evasión. Llámese romanticismo, idealismo o quijotismo. Todo con su envolvente guarnición de resentimientos y fantasías. Así, nuestras tertulias familiares o taberneras están siempre pletóricas de teóricos y soñadores.

Está claro que el gran ausente de nuestras vidas es don Equilibrio y su esquiva hermana doña Armonía. Ambos siempre derrotados y avasallados por doña Exageración y doña Descalificación.

Viene este tema a la mesa a raíz del sospechoso silencio con el que el gobierno cubano está realizando enormes cambios en el experimento socialista. Y el porqué de la ausencia del análisis teórico o la explicación autocrítica correspondiente.

En efecto, desde hace meses la dictadura caribeña ha ido desmontando calladamente todos los fundamentos estructurales de su fallido experimento socialista sin que los escasos simpatizantes que le quedan cuenten con una explicación.

Primero fueron los llamados mercados campesinos que, de puntitas y sin ruido, fueron promovidos por el gobierno para autorizar a los guajiros a sembrar, cosechar y comercializar por su cuenta bienes agropecuarios que el sistema, centralistamente planificado, era incapaz de producir y menos aún distribuir.

Después vinieron los cuentapropistas, que, a regañadientes, fueron autorizados para abrir pequeños negocios de preparación y venta de alimentos para turistas que el pesado e ineficiente sector público no podía atender.

Simultáneamente se autorizaron trabajadores a domicilio, por cuenta propia, para prestar algunos servicios de plomería, sastrería, peluquería y demás necesidades cotidianas de las personas que la burocracia no podía proveer ni atender.

Poco después, a fin de reducir el gasto público, se anunció el despiadado despido, sin indemnización, de cientos de miles de empleados gubernamentales que realizaban tareas prescindibles en el gigantesco aparato burocrático cubano. Y se empezó a construir, con el apoyo de Brasil, un gigantesco proyecto para crear una zona económica tipo Hong Kong, donde reinaran las reglas del capitalismo salvaje.

En esa misma lógica neoliberal, hace meses se autorizó a los sufridos habitantes del paraíso isleño comprar o vender su casa o automóvil y a tramitar la autorización correspondiente para poder contratar un servicio domiciliado de internet.

Y, apenas este domingo, la Asamblea Popular, es decir Fidel y Raúl, sorpresivamente aprobaron abrir la economía cubana a los inversionistas extranjeros: los millonarios que inviertan en Cuba contarán con garantías jurídicas para no ser expropiados y disfrutarán de atractivas exenciones de impuestos. Un paraíso para ricos que competirá con Suiza, Islas Caimán o Andorra.

Todas estas medidas han ido cambiando profundamente el llamado modelo cubano socialista, para hacerlo cada vez más parecido al capitalismo de Estado chino o vietnamita, abandonando el empobrecedor sistema soviético de economía centralmente planificada que padeció la sociedad cubana por más de 50 años.

Por esto, legítimamente nos preguntamos:

¿Cuántos sueños, fantasías, cantos, poemas, ensayos, libros, coros, filmes, documentales, bailables fueron dedicados, durante décadas, a la heroica construcción del —ahora sabemos, fallido— socialismo cubano?

Y, ¿cuántos documentos, teorías, películas, libros, poemas se han ocupado de la evidente deconstrucción del marxismo cubano?

No hay duda de la desproporción.

Tampoco la hay de que a los latinoamericanos se nos da fácil el romanticismo justiciero que, supuestamente, repartirá la riqueza y el poder.

Pero tenemos dificultad para la reflexión sobre cómo actuar a fin de crear o multiplicar esa misma riqueza.

Parece que, en nuestras latitudes autoritarias y evasivas, la disputa política y cultural entre realidad y fantasía siempre será ganada por esta última.

Y así nos va.

Por eso, también nos preguntamos si lograremos romper algún día el círculo vicioso autoritarismo-miedo-evasión-fracaso.

¿Cuándo alcanzaremos la madurez para aceptar las derrotas y aprender de ellas?

alvalima@yahoo.com