Heterodoxia

Retos de la izquierda…

En México: lograr la unidad en torno a un programa que resulte atractivo para la mayoría de los votantes. Dejar corrupción, tribalismo y caudillismo. Superar la actitud de víctimas resentidas para presentarse como una opción política contemporánea, propositiva, honesta.

Los ojos del mundo están puestos en Sudamérica, pero no solo por el deporte, también por la política:

Con el triunfo de Santos y la derrota de Zuluaga en Colombia, la extrema derecha ideológica parece salir de escena en América Latina. Ahora, prácticamente todos los gobiernos de la región pertenecen al arco que va desde el centro políticamente correcto hasta la extrema izquierda. Las muchas diferencias son producto de las biografías nacionales y por tanto los retos son diferentes.

Tanto Chile como Brasil y Uruguay ofrecen a sus gobiernos de izquierda retos accesibles: mantener el crecimiento de economías de mercado viables, al tiempo que intentan abatir los índices de desigualdad, en Chile particularmente los que tienen que ver con el financiamiento de una educación y salud públicas, gratuitas y de calidad. Por la dimensión de este país, la civilidad de su sociedad y la notable prudencia de la mayoría de los políticos, parece facilitarse los retos a vencer por la izquierda.

En Uruguay, desde hace 15 años, gobiernan hombres que militaron en la extrema izquierda y padecieron cárcel por ello. Pepe Mujica, popular presidente de la República Oriental, ha puesto en práctica, además, notables experimentos sociales, cuyos resultados pronto conoceremos. Entre ellos, legalizar la producción y el consumo de mariguana.

Al gobierno izquierdista brasileño se le presenta, claro y diáfano, el camino que debe seguir los próximos meses. En primer lugar, sortear los agobiantes compromisos del Mundial que Lula aceptó irresponsablemente. Después, iniciar un programa de reformas, inversiones y gastos que satisfagan las violentas demandas que han salido a flote para tratar de recuperar la huidiza popularidad perdida por Dilma.

En Colombia en cambio, el reto para las izquierdas parece muy complicado. Va desde la necesidad de abandonar para siempre las armas y el narco, hasta lograr un programa atractivo para las clases medias emergentes que son electoralmente indispensables. No será sencillo cambiar el lenguaje de las balas y los secuestros por el de los argumentos y vivir sin los recursos que les proporcionó el narcotráfico.

Retos muy diferentes corresponden a la izquierda bolivariana venezolana. Ahí se trata, ni más ni menos, de que Maduro acepte pactar y construir un gobierno de coalición con sus opositores. Abandonar, ambos, el cultivo del sectarismo y la confrontación y sustituirlo por una actitud verdaderamente conciliadora. Porque la bancarrota, el desorden y la violencia que vive la sociedad solo podrán superarse cuando las partes en conflicto logren un acuerdo. Un desafío que parece muy distante de lograr. Por tanto los pronósticos para Venezuela son un enigma siniestro.

En Argentina, donde el populismo demagógico ha echado raíces desde hace décadas, la izquierda se encuentra fracturada y confrontada. La enorme riqueza energética y agropecuaria del país ha sido más un tema de discordia que de bienestar. El país ha perdido, una y otra vez, las frecuentes oportunidades para convertirse en un país igualitario y opulento. El reto para la izquierda Argentina está en lograr la unidad en torno a un programa, más que alrededor de un caudillo. Camino que hasta ahora no ha atinado a encontrar.

Bolivia y Ecuador son naciones que parecen tener los mismos retos: ¿cómo lograr una economía sólida y viable que sostenga un enorme gasto social? ¿Cómo mantener, al mismo tiempo, un régimen democrático que garantice libertades individuales y derechos humanos? ¿Cómo construir instituciones que sobrevivan a los caudillos Evo y Correa?

Finalmente, también podemos intentar abordar los evidentes retos para la izquierda mexicana: lograr la unidad en torno a un programa que resulte atractivo para la mayoría de los votantes. Dejar atrás corrupción, tribalismo y caudillismo. Superar la actitud de víctimas resentidas, siempre acusatorias y negativas para presentarse ante la sociedad como una opción política contemporánea, propositiva, honesta y atractiva.

Está fácil, ¿no?

alvalima@yahoo.com