Heterodoxia

Repensar México…

Gobiernos inexpertos, irresponsables, electos con baja legitimidad hacen el exacto diagnóstico de nuestra democracia imperfecta. Por eso, Héctor Aguilar Camín, autor del análisis, sugiere repensarla.

Bien, pero siguiendo el razonamiento de Aguilar, ¿por qué no repensar lo demás? Tanto el diseño institucional como todas las herramientas políticas que utilizamos.

Porque está claro que la casa común que compartimos acusa fracturas estructurales que podrían colapsar parte de ella:

México es un enorme edificio, con un sótano insalubre, donde habita miserable, abarrotada, casi la mitad de la población. Donde se combinan la falta de servicios y educación, con el desempleo y los bajos salarios. Donde crecen los focos de delincuencia y autogobierno.

Los primeros pisos están ocupados por los 50 millones de clasemedieros llenos de ilusiones y problemas. Donde al lado del empleo seguro está la informalidad impredecible, la tarjeta de crédito y el embarazo juvenil, los emprendedores y los fracasados, los que sufren la corrupción y los que la disfrutan. Los que ven el vaso medio lleno y los que aseguran que está medio vacío.

Y en los lujosos pisos superiores, la minoría de las altas clases medias. Los empresarios, los burócratas y los delincuentes que todo lo tienen.

Casa común deforme y poco segura. Donde cada vez menos están satisfechos y más viven encabronados.

Asimismo, el mobiliario de la casa, es decir las herramientas políticas y administrativas que utilizamos para convivir, ha sido mal copiado y pésimamente utilizado:

El municipio que vino de España está desdibujado. El federalismo y la división de poderes provenientes de Norteamérica han sido debilitados por el centralismo y el autoritarismo. Nuestras aspiraciones libertarias, laicas e igualitarias de inspiración francesa viven un mal momento. El ecologismo y la protección de las minorías han sido corrompidos.

Todas estas ideas universales, que hemos hecho leyes e instituciones mexicanizadas, se han convertido, cada vez más, solo en escenografía y coreografía ritual.

Se trataría, desde luego, de rescatarlas, no de inventar nuevas categorías políticas, de encontrar fórmulas para acordar cambiar nuestra conducta y hacer funcionar las instituciones que ya tenemos. Combatiendo la simulación con la transparencia y con la mayor participación ciudadana en las decisiones.

El tiempo apremia.

alvalima@yahoo.com