Heterodoxia

Putin…

El origen remoto del lío ucraniano contemporáneo se halla en la división del Imperio Romano, allá por el siglo IV.

Por un lado, el Imperio Romano de Occidente, ubicado en el territorio
de lo que hoy es la Unión Europea dio forma, con los siglos, a un mundo católico, protestante y liberal ateo cada vez más democrático.

El Imperio Romano de Oriente, en cambio, dio origen a un mundo autoritario, cristiano ortodoxo con algunos marxistas ateos. También, ahí mismo, nació el mundo musulmán otomano.

Esta profunda división, hasta hace poco irreconciliable y violenta, corre por la frontera entre Rusia por un lado y Finlandia, Polonia, los Balcanes y el Cáucaso por el otro.

Y esta antigua fractura entre las naciones europeas, los rusos y los turcos, que estuvo en conflicto durante siglos, es la que ahora se ha empezado a incendiar.

Hace 170 años ahí mismo, donde hoy se pasean los paramilitares rusos que han invadido Crimea, en Sebastopol, se llevó a cabo una sangrienta guerra casi con los mismos adversarios que se manifiestan hoy día.

Efectivamente, la llamada Guerra de Crimea (1853-56) enfrentó a Francia e Inglaterra, aliadas con los turcos, contra el Imperio Ruso. Murieron decenas de miles de combatientes y, al final, logró imponerse el grupo occidental que impidió así que el ejército y la flota rusa avanzaran hacia el Mediterráneo y el Danubio.

Noventa años después (1945), el nuevo Imperio Soviético Ruso derrotó a la Alemania Nazi y, gracias a la fuerza del legendario Ejército Rojo, avanzó hasta Berlín, Viena, Praga, Budapest y Sofía, donde permaneció, gracias a los acuerdos de Yalta y Potsdam, hasta 1990. Entonces, al derrumbe de la Unión Soviética, el territorio ruso se encogió dramáticamente hasta sus fronteras del siglo XVIII.

Ahora el nuevo zar, Vladimir Putin, vuelve a intentar ampliar su espacio, recuperando para la vieja Rusia por lo menos la mitad rusoparlante de la República de Ucrania, que incluye la península de Crimea y la Base Naval Soviética de Sebastopol.

Es muy probable que lo logre. Aún al costo de poner en riesgo sus relaciones con Estados Unidos y la Unión Europea. Vladimir Putin ha demostrado, en los casos de Georgia, Irán, Siria y del espía Snowden, no temer a las débiles y retóricas protestas de un Occidente fracturado, reblandecido y harto de intervenir en pleitos ajenos y distantes, (Irak, Afganistán, Libia), de los cuales no ha salido bien librado.

Como la estrategia y la personalidad del dictador ruso son brillantes y sutiles, no invadirá cínica y abiertamente Ucrania. No. Lo hará con un pretexto legal, después de un referendo a modo, donde los muchos simpatizantes rusófilos ucranianos se manifiesten por la anexión. De esta manera, Putin también pone un dique a la marea democratizadora que ya se inició en la mitad occidental del país.

Por lo que se refiere a la Unión Europea, es el caso que el diseño político que se ha dado es tan frágil y burocratizado que ha sido incapaz, hasta ahora, de actuar con determinación y fortaleza para impedir los abusos de Putin. Los mejores años de Europa parecen haber pasado y ahora solo le alcanza su energía para tratar de recomponer su grave crisis económica interna.

Estados Unidos, por su parte, ya ha decidido aislarse frente a los problemas mundiales que existen hoy día (Siria, Irán, Egipto, Sudán, Afganistán, Venezuela) y solo quiere ocuparse —con razón— de sus problemas financieros, de la inmigración ilegal y de resolver las agrias disputas entre republicanos y demócratas.

Así, poco a poco, Vladimir irá venciendo todos los débiles obstáculos que se le opongan y en pocos años irá reconstituyendo el nuevo Imperio Ruso hasta donde pueda, bajo alguna forma creativa de confederación.

Como se demostró hace años durante la Segunda Guerra Mundial: si Rusia es atacada desde el exterior, su población se unifica patrióticamente en torno a su líder para rechazar al extranjero. Por tanto, nadie quiere una confrontación directa con el Oso Ruso. A Rusia solo la derrotarán sus contradicciones internas, propias de las dictaduras.

Así que, por ahora, Putin ha calculado bien su expansión y su proyecto imperial mantendrá la iniciativa.

¿Estamos ante una guerra fría reloaded?

Es improbable.

alvalima@yahoo.com