Heterodoxia

Odio y crueldad…

Durante la época del presidente F. D. Roosevelt, cuando a Estados Unidos le tocó enfrentar al nazismo, los medios de comunicación masiva de entonces —Hollywood y la radiodifusión— desarrollaron exitosas producciones para fomentar el patriotismo estadunidense.

Asimismo, cuando en los 60 estallaron revueltas raciales y rebeliones juveniles, las élites que dominaban los medios de comunicación en aquel país decidieron integrar a los afroamericanos en sus argumentos y producciones, de la misma manera que lo hicieron con los rebeldes juveniles. Más tarde, buena parte de la industria publicitaria siguió este ejemplo. También, desde entonces, el Partido Demócrata adoptó, con buenos réditos, la política de integrar y reflejar la pluralidad de la sociedad.

Desafortunadamente, los productores mexicanos de la comunicación no actúan de la misma manera. Viven de espaldas a los datos duros de la realidad. El prototipo estético que difunden, por ejemplo, nada tiene que ver con la demografía mexicana. Los ojos claros y las cabelleras rubias son siempre ubicados en los que mandan y en los que poseen, mientras que los ojos y la piel oscuros son asignados a los pobres, los sirvientes o los perversos. Esta violencia discriminatoria se extiende a la industria publicitaria, donde los tipos raciales mexicanos solo aparecen en los spots del INE o de la Sagarpa.

Si esos mismos productores mexicanos hubieran decidido los contenidos de los medios de comunicación estadunidense seguramente Anthony Quinn, Denzel Washington, Halle Berry, Morgan Freeman, Jennifer Lopez o Lupita Nyong’o nunca hubieran pasado de ser modestos extras.

El asunto cobra relevancia política porque, si bien la principal motivación del narcotráfico, la extorsión y los secuestros es la codicia por el dinero y el poder, también, dentro de la extrema crueldad asesina que padecemos, anidan el odio y el resentimiento social, producto del racismo y la discriminación que tanto refuerzan los medios masivos de comunicación.

¿Por qué nuestra academia no ha dado al racismo y al clasismo mexicanos la importancia que merecen? ¿Por qué nuestras élites son tan ciegas y suicidas? ¿Qué no nos damos cuenta de que detrás del odio social están la ignorancia y los prejuicios?

Está claro que algunas raíces de tanta crueldad están frente a nuestras narices.

alvalima@yahoo.com