Heterodoxia

Normalistas violentos…

La verdad es que todos estamos pagando el saldo de 86 años de pésima política, donde muchos de los acuerdos sociales en seguridad, educación y economía están pegados con alfileres.

Vamos a suponer que el gobierno del estado de Oaxaca accede a la petición violenta de los normalistas para otorgar, sin mayor examen académico o análisis presupuestal, 750 plazas de maestro de primaria.

¿Cuánto costará ceder?

Si calculamos que los profesores de primaria ganan —con todo y prestaciones— un promedio de trescientos treinta y tres pesos diarios, el costo mensual será de cerca de 7 millones de pesos. Unos 90 millones de pesos al año.

Como estos maestros tienen una plaza vitalicia y heredable, sin posibilidad real de ser despedidos, y en promedio permanecerán 35 años en el cargo, el contribuyente mexicano pagará en total 3 mil 100 millones de pesos por contratar a estos normalistas.

¿Es mucho o es poco dinero?

Desde el punto de vista de un asalariado promedio en México, 10 mil pesos mensuales más ISSSTE, FOVISSSTE y TURISSSTE, 200 días de trabajo al año, en jornadas de 6 horas diarias, vacaciones pagadas y tres meses de aguinaldo no están nada mal. Más de 100 millones de mexicanos quisieran una chamba así.

Mirando el gasto desde el presupuesto estatal, 90 millones al año son mucho. Quizá 2 por ciento del total. Ahora que, dada la capacidad de conflicto destructivo que causan estos violentos personajes, más el daño al turismo y a la mala imagen que generan, quizá otorgar las plazas no resulte un mal negocio.

Desde el mirador del gobierno federal, en cambio, 90 millones no es nada. Eso cuesta resolver cualquier incidente menor de Pemex.

Pero si el mal ejemplo de Oaxaca cunde a los normalistas de Michoacán, Guerrero, Chiapas, Veracruz y demás estados en efervescencia magisterial, el gasto crecerá exponencialmente a mil o dos mil millones anuales, que ya son números mayores.

Hay cínicos que afirman que, en política mexicana, lo que se resuelve con dinero siempre es barato. Sugiriendo que las otras soluciones represivas para aplicar la ley siempre tienen un costo electoral, de imagen o de conciencia mucho más elevado.

El argumento es habilidoso y ha tenido muchos partidarios a lo largo de la historia del país. Recordemos los sobornos —por citar algunos— que recibieron y dieron los presidentes y generales Santa Anna y Obregón. El primero vendió parte del norte de Sonora —La Mesilla— a Estados Unidos por 6 millones de dólares para ahorrarse un conflicto internacional, mientras que el segundo se hizo popular al disparar a los generales levantiscos cañonazos de cincuenta mil pesos oro para mantenerlos en paz.

En un contexto político tan manoseado y con pésimos ejemplos, es muy difícil y remoto que los políticos a cargo de resolver tantos líos como los que se padecen en Oaxaca tengan la paciencia y la astucia para imaginar alguna otra solución que no sea la de estirar el gasto.

Por tanto, el triste pronóstico para Oaxaca ronda sobre solucionar este asunto en una mesa de negociación económica y así satisfacer el chantaje de los normalistas que tienen secuestrada, con bombas molotov y lanzacohetes, a la sociedad de esa entidad.

Al gobierno de Oaxaca, pero también a la administración del país, les está resultando muy difícil cambiar la inercia de décadas, donde los peticionarios están acostumbrados a violar la ley para presionar y los funcionarios habituados a ceder, negociando dinero público, para salvar el pellejo.

Al gobierno del presidente Peña le está resultando carísima la herencia recibida: 6 años de foxismo frívolo y 6 de calderonismo sangriento. Más 70 años de priismo populista.

La verdad es que todos estamos pagando el saldo de 86 años de pésima política, donde muchos de los acuerdos sociales en seguridad, educación y economía están pegados con alfileres. Donde, tanto la aplicación de la ley como el cobro de impuestos tienen que negociarse. Donde están vigentes miles de reglas que nadie cumple. Donde los ciudadanos, cotidianamente, tienen que cuidar que no los chinguen o quieren aprovechar cualquier oportunidad para chingar a otros. Donde muchos políticos simulan que gobiernan mientras otros tantos ciudadanos aparentan que cumplen con la ley.

Donde los normalistas de Oaxaca parecen exigir un puesto de trabajo, cuando en realidad son un grupo gansteril que destruye y amenaza para lograr una vida de holganza y privilegio a costa de los demás.

Tal cual.

alvalima@yahoo.com