Heterodoxia

Miedo…

Intentar volver a un pasado de rasgos echeverristas o lopezportillistas es una insensatez. Y los mexicanos hace años que abandonamos el miedo.

Hay evidencia empírica de que los regímenes políticos que sobreviven mejor son aquellos cuya base está sustentada en grandes mayorías de personas autosuficientes (Estados Unidos, Unión Soviética, Japón).

Y también ha quedado en claro que los sistemas centralistas donde pocos individuos deciden por los demás, tarde o temprano, se derrumban, dejando una gran huella de sufrimiento (URSS, China, el Reich).

Poco a poco, también, parecen haber demostrado mayor éxito los sistemas que propician el empoderamiento económico de sus ciudadanos (Corea, Finlandia, Chile).

En cambio, los que subordinan, someten y clientelizan a sus habitantes poco a poco se hunden en la miseria y el horror (Cuba, Venezuela, Zimbabue).

No resulta alejado de la verdad, por tanto, afirmar que parecen funcionar mejor aquellos sistemas económicos y políticos que propician la descentralización del poder y el empoderamiento económico de las personas.

Viene este asunto al foro nacional, porque parece haber resurgido en México la intención de propiciar lo contrario: desalentar las iniciativas de las personas y sustituirlas por las de una distante burocracia central.

Parece que los excesos del federalismo, que surgieron durante los gobiernos de Fox y Calderón, produjeron en el PRI triunfante una fortísima reacción centralista para recuperar el poder federal perdido en el desorden panista.

Nadie en su sano juicio ha podido objetar que se suprimieran los excesos, los endeudamientos y la corrupción de los virreyes estatales que aparecieron durante la transición panista. La nación ha expresado su aprobación para la subordinación a la ley y al orden de los caciques estatales.

Lo que ya no ha propiciado el consenso, sino el disenso y hasta la insubordinación, son las fallidas teorías estatistas que parecen querer imponer algunas mentes arcaicas y que van contra el desarrollo, la independencia y la libertad de las personas. Medidas que están implícitas en la reforma fiscal y en la reforma política, confundidas con otras disposiciones aperturistas y modernizadoras.

Particularmente grave es la irresponsable disolución de los institutos electorales estatales y su sustitución por un gigante burocrático nacional; de todas las reformas realizadas, hasta ahora ésta es la que encierra más peligro, porque pondrá en manos inexpertas y partidizadas la, aún, adolescente democracia electoral. Francamente, es un riesgo innecesario.

El otro bache reformista es el que se refiere a los procedimientos electrónicos para recabar los impuestos. Sin duda que todos queremos la modernización de los trámites públicos, pero ¿están preparados los millones de causantes menores para utilizar la computadora cuando apenas ayer hacían sus cuentas con papel y lápiz? Muchos no lo creen.

Algunos vemos en todo este reciclado paradigma, teórico y legislativo, estatista y centralizador, un grave riesgo de atonía económica e inconformidad social.

Tal parece que estamos embarcados en un silencioso y forzado viaje de retorno a procedimientos que ya fracasaron en los setenta del siglo pasado, cuando reinaba un arbitrario poder omnipotente sobre enormes mayorías de súbditos minusválidos o, si se prefiere, de ciudadanos empequeñecidos.

De ser ciertos estos indicios, que buscan desalentar no solo a los virreyes —lo cual está bien—, sino también a la independencia de las personas, estaríamos ante un despropósito que va en contra de las evidencias de éxito económico y político que vive el resto del mundo.

Ojalá que esta sospecha, todavía no configurada del todo, carezca de fundamento y solo estemos ante un periodo de ajuste contradictorio en busca de la ruta correcta para salir del atolladero de la errática transición vivida en el panismo.

Intentar volver a un pasado de rasgos echeverristas o lopezportillistas es una insensatez, entre otras cosas porque entre los individuos como entre las cremas dentales: una vez que la pasta se ha salido del tubo resulta imposible regresar el contenido al antiguo, opresivo recipiente.

Y la mayoría de los mexicanos hace años que abandonó los claustros del miedo.

alvalima@yahoo.com