Heterodoxia

Marxistas…

Si, como parece, los maoístas se han ido evaporando y solo quedan algunos agrupamientos de ellos en los pliegues montañosos del tercer mundo, los marxistas en cambio se han petrificado. Algunos en las dirigencias de los otrora poderosos sindicatos y otros en los cubículos de la academia.

Pero la influencia de todos ellos —maoístas y marxistas— se ha ido marchitando.

Para quien escribe, esto es grave porque la debilidad de la crítica al capitalismo salvaje ha propiciado la falta de oposición, seria y fundamentada, a las crisis económicas, guerras inútiles y autoritarismo mediático que la humanidad quizá podía haberse ahorrado con un mayor equilibrio entre el pensamiento militante liberal y el social.

Pero así ha sido: tal vez la razón se encuentra en que las teorías de la lucha de clases y el materialismo histórico, al encarnarse en sistemas políticos, cayeron en terribles prácticas dictatoriales en manos de Stalin y Mao. Y peor en las de sus seguidores norcoreanos, camboyanos, etíopes, peruanos y demás, dejando sin autoridad moral ni argumentos a quienes buscan soluciones socialistas para los graves problemas de la humanidad.

El socialismo real resultó así indefendible.

Y para completar el cuadro, la socialdemocracia contemporánea, versión light del socialismo, también ha languidecido.

Hoy parece muy distante, pero hace treinta años la mayoría de la humanidad estaba gobernada por quienes se decían discípulos de Marx: China, la Unión Soviética, toda Europa Oriental y gran parte de Asia y África. Para muchos intelectuales prestigiados no había duda: el futuro del mundo seguiría las pautas del socialismo científico. El liberalismo y el capitalismo caerían definitivamente. Solo era cuestión de tiempo para que sus contradicciones internas los derrumbaran.

Pero la terrible realidad de mentiras, corrupción y autoritarismo vivida en los países del socialismo real los desmintió. Primero China a la muerte de Mao y diez años después la desaparición de la gerontocracia soviética derrumbaron las llamadas dictaduras proletarias para dar paso, en el caso de China, a la instauración de una dictadura capitalista y en el de Rusia a un gobierno de mafiosos. Y, al contrario de lo esperado, parece solo cuestión de tiempo para que los restos del naufragio marxista, ubicados en Cuba y Corea del Norte, sean tragados por la marejada capitalista.

Para muchos todo esto es una tragedia: se ha ido para siempre la utopía igualitaria.

Para otros ha sido un alivio: la violencia revolucionaria se ha quedado sin apoyo internacional.

El hecho, sin embargo, ante el inesperado derrumbe del socialismo y el pensamiento socialista, es que ya no existen, como hace años, la crítica y la confrontación entre diferentes ideas y sistemas políticos, que es lo que había propiciado cierto avance de la humanidad. Porque cuando la unanimidad se establece, se pudre la iniciativa y la creatividad, como pasó en buena parte de la Edad Media. Siempre se necesitan críticos profundos y cínicos humoristas que detecten y desenmascaren la ingenuidad, el miedo y la tontería tan propios en todos los humanos. Parecería que en el futuro, a falta de teorías y arte confrontativo de calidad, solo nos quedará la pobreza de las redes sociales, a todas luces insuficiente.

En fin, por lo que se refiere a México, es una lástima que la crítica izquierdista al poder se esté apagando.

Nos estamos quedando con muy pocos teóricos y analistas que nos den respuesta a interrogantes tan importantes como:

¿Qué nos depara el futuro?

¿Estallará, por fin, la lucha de clases tan anunciada por los marxistas?

¿Viviremos una reedición del orden y progreso porfirianos?

¿O, tal vez, el país seguirá marchando a tumbos contradictorios?

Nadie lo sabe.

(Por el bien de todos, deseo el pleno restablecimiento de Andrés Manuel).