Heterodoxia

¿Maquiavelo en Caracas?…

Diecisiete años le llevó al llamado Socialismo del Siglo 21 convertir un país rico, desigual y con una democracia imperfecta en un desastre mucho peor, donde prevalece miseria, violencia y desabasto.

Se tardaron un poco, pero lo lograron, dicen con amargura los venezolanos refiriéndose a Maduro y Diosdado, mientras hacen largas colas para conseguir leche, toallas sanitarias o analgésicos que en cualquier otro país de América Latina se adquieren en la tienda de la esquina.

Mientras tanto, un abundante grupo de ex chavistas con millones de dólares robados disfrutan en Miami, Nueva York y Madrid la vida loca.

Trescientos mil millones de dólares se han esfumado de las arcas públicas venezolanas en esos 17 años y han pasado a formar parte de fondos privados, mediante negocios turbios y transacciones cambiarias abusivas. Venezuela ha vivido un auténtico carnaval de saqueo, fracaso y despilfarro.

Los ingredientes para este desastre están a la vista: una democracia decadente, gobernada por políticos distantes y frívolos. Un líder carismático, bien intencionado pero ignorante de los conocimientos básicos de administración y economía. Un grupo de aduladores del caudillo, malintencionados, sin escrúpulos y un entorno internacional favorable al desastre.

Hugo Chávez llegó al poder con fuerte apoyo popular. Su aspecto y lenguaje de mestizo indómito conectó de inmediato con las masas resentidas en busca de líder. Asimismo entusiasmó a las clases medias que deseaban una mayor rebanada del pastel petrolero.

El éxito de Hugo fue inmediato. Hábilmente sustituyó la caduca democracia parlamentaria por una nueva de grito y mano alzada. Ganó popularidad insultando a un Bush en declive y consiguió nuevos y costosos aliados en Lula, Kirchner, Castro, Evo, Correa y Ortega.

Pero cometió el error del soberbio y el ignorante. Creyó que un grupo de improvisados incondicionales podrían administrar una industria tan especializada y escurridiza como la petrolera. Se rodeó de marxistas, peronistas y charlatanes que muy pronto desplumaron la gallina de los huevos de oro petrolero. Lo demás es otra telenovela trágica y absurda del eterno circo político latinoamericano.

Los analistas maquiavélicos apuestan que la puntilla definitiva a los delincuentes Maduro y Cabello se la darán los hermanitos Castro, quienes entregarán sus cabezas a los gringos a cambio del levantamiento del embargo.

¿Serán capaces?


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