Heterodoxia

Lectura en vacaciones…

El libro es un testimonio de cómo la historia también está constituida por los altibajos de la condición humana y por el misterio que encierra el despliegue de las emociones descontroladas en los hombres de poder.

Amenidad, interés político y calidad son las características de los libros sugeridos.

Cuando la democracia está bajo fuego en Rusia, China, España y México, por citar solo algunos de los sitios donde se pone en duda su eficacia, conviene recordar lo que ocurrió en esos países el siglo pasado.

En Rusia, seis años después del triunfo del marxismo sobre el Zar, murió Lenin el artífice de la victoria. Entonces, Josip Djugashvili Stalin se encaramó en la cúpula del poder soviético.

Pacientemente, el astuto dirigente proveniente del Cáucaso georgiano desplazó del liderazgo a los amigos de Lenin: Trotsky, Kamenev y Zinoviev, inclinados más bien a la especulación teórica que al duro quehacer organizativo. Esta circunstancia dio un viraje definitivamente autoritario y sangriento al destino del llamado Socialismo Científico y, por tanto, propició el fracaso histórico del experimento.

Muchos libros se han ocupado de Stalin, pero quizá el que escribió Simon Sebag refleja mejor el universo de circunstancias, conductas y emociones que dieron vida a ese fenómeno sociológico, político e ideológico que fue el estalinismo.

El libro inicia con el relato de la cena celebrada en el Kremlin el 8 de noviembre de 1932 para festejar el decimoquinto aniversario de la Revolución. Al convivio asistieron los miembros del círculo íntimo del poder soviético acompañados por sus esposas. Ahí se comió, bebió y cantó. Pero detrás de la alegría aparente se ocultaba, entre otros muchos dramas, el malestar de Nadia Alliluyeva, la frágil esposa de Stalin, a quién había dado dos hijos. La joven mujer de 32 años no parecía estar hecha para entender y acompañar a un individuo feroz como Josip, quien dirigía, con mano de hierro, su enorme imperio y hogar. Aquella noche, salpicada por los coqueteos alcohólicos del líder con otras mujeres ahí presentes, estalló el descontrolado ánimo de Nadia, quien rechazó brindar con su marido: “Por la destrucción de los enemigos del Estado” que ella desaprobaba e inmediatamente salió de la escena entre gritos y reproches de ambos…

Y entonces ocurrió la tragedia: Nadia se dirigió a su habitación donde, horas después, apareció muerta de un balazo. Aparentemente dejó una carta suicida de reproches a Stalin que nunca se conoció. Hay versiones también de que su propio marido la asesinó. Nunca sabremos la verdad.

Este relato, de la cercana vida real de los protagonistas, es significativo para la historia del marxismo porque refleja el carácter violento de muchos de los dirigentes del socialismo real —Breshnev, Mao, Kim Il Sung, Pol Pop, Fidel—, quienes finalmente fracasaron al tratar de imponer a sus semejantes, a sangre y fuego, un estilo de vida que no escogían libremente.

Pero la historia de Stalin va más allá de la tragedia que rodeó a todos los que tenía cerca de él, y abarca hechos de enorme trascendencia que son relatados en el libro desde la intimidad del despacho y las residencias de descanso del dictador donde se tomaron las grandes decisiones:

La colectivización de la agricultura, que rediseñó la vida campesina y liquidó a toda la clase social de los pequeños propietarios. El Terror Rojo del año 37 que expulsó del poder a la mayoría de los revolucionarios originales que acompañaron a Lenin y forjó a los nuevos cuadros dirigentes que gobernaron al país hasta los años 70. La Guerra Civil Española y el asesinato de Trotsky. La Gran Guerra Patriótica para defender la URSS de la vertiginosa ofensiva de los ejércitos de Hitler y, después, la meritoria victoria sobre los nazis y la toma de Berlín. Y dentro de esa época, las disputas entre los generales, la designación del brillante mariscal Zhúkov, los acuerdos con norteamericanos, británicos y franceses. Los detalles íntimos y secretos de las reuniones con Roosevelt y Churchil en Teherán, Yalta y Postdam.

La Guerra de Corea y las desavenencias con Mao. Y, por último, la decadencia, la paranoia, la soledad, la muerte y la duda: ¿fue Stalin asesinado?

El libro es un testimonio documentado de cómo la historia también está constituida por los altibajos de la condición humana y por el misterio que encierra el despliegue de las emociones descontroladas en los hombres de poder.

La Corte del Zar Rojo. Simon Sebag Montefiore. Editorial Crítica.
Barcelona. 2004.

alvalima@yahoo.com