Heterodoxia

India…

Nada sería más grave para la región y el mundo que renaciera ese sangriento avispero de pasiones destructivas que son las guerras religiosas.

Como bien se sabe, después de China, el país más poblado de la Tierra es la India. También que las proyecciones indican que en algún punto cercano ambas naciones rondarán el mismo número de habitantes.

Lo que se sabe menos es que la India es la mayor democracia del mundo; más de 800 millones de personas con derecho a votar y que en estos precisos momentos están eligiendo a quienes gobernarán ese enorme país por los próximos años.

Desafortunadamente, México y la India son dos grandes naciones que han vivido de espaldas a pesar de sus grandes similitudes: ambas sufrieron un doloroso pasado colonial, ambas tienen una enorme población joven y ambas enfrentan un buen número de problemas similares: grave desigualdad en los ingresos de las personas; violencia contra niños y mujeres, prejuicios culturales ancestrales, mala administración y corrupción pública. Pero, también, ambas naciones se encuentran en una profunda crisis evolutiva que apunta hacia un futuro promisorio no exento de peligros.

Por lo pronto, en la India todas las proyecciones apuntan que experimentará un cambio en la dirección política del país: la dinastía política que ha gobernado por 67 años, formada por los herederos del grupo Gandhi-Nehru y agrupados en el gran partido laico del Congreso, está a punto de perder su mayoría a manos de la oposición dirigida por Narenda Modi y su partido hinduísta Bharatiya Janata.

La razón básica del cambio de gobierno radica en el agotamiento de un modelo político, sustentado en la supuesta superioridad moral de los herederos de los grandes héroes de su independencia: Gandhi y Nehru, y en las grandes transformaciones sociales y tecnológicas que ha vivido el país en las últimas décadas. Por estos motivos, la juventud educada y la nueva clase media emergente ya no quiere vivir solo de la vieja inspiración independentista y ahora reclama mayores oportunidades de empleo y consumo en un mundo globalizado. Es así que los últimos miembros de la poderosa Casta Heroica, Sonia y su hijo Raoul Gandhi, seguramente, pasarán ahora a la oposición.

Hay, desde luego, buenas y malas noticias en estos cambios. Pues si bien el relevo de la dinastía laica puede renovar el papel de la administración pública y abrir la economía del país a nuevas oportunidades de crecimiento, no puede olvidarse que el nuevo primer ministro Modi —en caso de triunfar— reviva el sangriento pasado de guerras religiosas entre hindús y mahometanos y agudice las contradicciones religiosas entre Pakistán y la India. Nada sería más grave para la región y el mundo que renaciera ese sangriento avispero de pasiones destructivas que son las guerras religiosas.

Pero esta indeseable vuelta al pasado fanático sería a contrapelo de los que parece ocurrir en las entrañas del gran gigante indio: todas las encuestas señalan una gran transformación cultural ocurrida en el corazón de los jóvenes indios en los últimos años: el abandono de creencias y supersticiones religiosas y la apertura de sus mentes a la nueva era del conocimiento y la liberación cultural.

Y ese conflicto entre lo viejo y lo nuevo, entre la subordinación religiosa y la búsqueda de la liberación espiritual, es lo que verdaderamente está en conflicto hoy en la India. Más que la disputa entre el partido del Congreso y el partido hinduísta. El verdadero dilema que hoy votan los indios es entre un pasado que se retira, habiendo cumplido sus propósitos independentistas y un futuro nebuloso, donde la población y el país se adueñen de un mejor destino, todavía lleno de peligros.

Por la dimensión del país, el proceso electoral tomará varias semanas. De hechos, las personas empezaron a votar hace dos semanas y lo harán hasta el 12 de Mayo. El 16 del próximo mes —si no ocurre algo extraordinario—sabremos los resultados definitivos.

Es evidente que el futuro de la humanidad se está centrando, cada vez más, en la superpoblada Asia y la cuenca del Pacífico. La democratización de China, los procesos igualitarios en la India y la gran incógnita sobre el desempeño del fundamentalismo islámico son los grandes temas de un futuro cada vez más asiático.

Nuestros empresarios y diplomáticos tienen ahora en Asia un nuevo universo para desplegar sus ambiciones y habilidades.

La paz y el desarrollo de cientos de millones de asiáticos se juega en estas elecciones: la moneda está en el aire.

alvalima@yahoo.com