Heterodoxia

Impresentables…

La educación pública es la acción colectiva que más interesa y apasiona a millones de compatriotas. Es la ilusión que da sentido al sacrificio por el duro trabajo cotidiano, de las madres y padres de familia.

Sin las escuelas públicas —laicas y gratuitas— abiertas y funcionando, el flujo de la vida de la nación se entorpece. Y la promesa de una vida mejor para los hijos de la mayoría de las familias de México se evapora. Todos los males de la República, la corrupción, la inseguridad, la carestía, han sido toleradas por la gente de a pie a cambio de que exista acceso a aquella aspiración. Sin ella se fractura el contrato social.

Por eso urge que las partes en el conflicto educativo lleguen a un acuerdo y el próximo ciclo escolar opere normalmente en todo el país.

Atrás debe quedar el inoportuno clima de amenazas, descuentos y despidos que incendió el sur del país.

Y atrás también, tratar de revivir a los impresentables herederos de Gordillo que fueron y son los causantes de la insurgencia sindical.

Así mismo, urge pactar, con firmeza y seriedad, el desbloqueo de todas las vías de comunicación, porque el desorden económico causado ya afectó a todos.

En la educación pública básica se ven involucrados cerca de un millón de maestros; decenas de miles de trabajadores administrativos; 20 millones de niñas y niños y 30 millones de familiares.

Solo imaginar la cantidad de acciones cotidianas que eso significa, abruma. Es, por tanto, imposible para un grupo reducido de políticos, burócratas y dirigentes sindicales planear, dirigir y controlar todo éste universo en movimiento.

La Secretaría de Hacienda, por ejemplo, debe estar arrepentida de haber centralizado toda la nómina magisterial. Una pesadilla perversa de tramitología, imposible de racionalizar.

La única manera de manejar esa masa enorme de voluntades es la de “compartir la tarea, los recursos, las relaciones laborales y las responsabilidades.

Comprometer y entusiasmar a millones de ciudadanas y ciudadanos, “descentralizando toda la operación hacia las autoridades estatales y municipales” (de más de 20 mil habitantes) únicas que podrían, por su interés y cercanía, asumir la responsabilidad de aplicar, “con prudencia y paciencia”, el nuevo modelo de educación básica.

El centralismo ya tocó fondo. Es el momento de “confiar en las autoridades locales y las madres y los padres de familia”.

Obligarnos todos a crecer.

alvalima@yahoo.com