Heterodoxia

De Iguala a Brasil…

El tema obligado para esta semana sería la disputa electoral brasileña. Ahora, lo que requiere atención, es el brote de violencia inaudita ocurrida en Guerrero y que amenaza con extenderse a otras partes del país.

El tema obligado para esta semana sería la disputa electoral brasileña del 26 de octubre. Ya habrá tiempo para volver al tema, porque cuando se despeje el viraje del gigante amazónico hacia el capitalismo, su efecto se sentirá en toda América Latina.

Ahora lo que requiere atención es el brote de violencia inaudita ocurrida en Guerrero y que amenaza con extenderse a otras partes del país.

Lo primero que salta a la vista es la necesidad de reconocer que la presencia de delincuentes entre los miembros de las fuerzas del orden es un peligro que es imprescindible erradicar.

Si bien ningún gobierno puede suprimir las actividades delincuenciales que aparecen en su sociedad, sí puede, mediante un gran esfuerzo, garantizar que las policías y las fuerzas armadas estén constituidas por personal confiable y disciplinado.

Y tal es ahora la principal responsabilidad del Estado mexicano: garantizar la vida y patrimonio de los ciudadanos; pero solo hacerlo a través del ejercicio legal y razonable del uso de la fuerza.

Ya se ha señalado hasta el cansancio, por ciudadanos y actores políticos, que ninguna otra actividad gubernamental tiene tanta relevancia como el mantenimiento de la paz y la seguridad públicas.

Ya se ha insistido también que ningún otro gasto público debe ocupar la prioridad que significa invertir en garantizar la tranquilidad de la sociedad.

Por tanto, está claro que ninguna otra inversión, sea en energía, en subsidios o en infraestructura, puede estar por encima de aquella que se refiera a la seguridad. Porque es evidente que si la sociedad se siente amenazada se deteriora la iniciativa, la inversión, la convivencia, la soberanía, la justicia y la democracia.

Desafortunadamente la lucha contra la delincuencia se ha politizado en nuestro país. Panistas, priistas e izquierdistas se han arrojado, inútilmente, la piedra de la inseguridad unos a otros. Y la verdad es que la sociedad está harta del estéril juego de buscar culpables. Lo que el país pide a gritos son soluciones.

Y ahí van algunas sugerencias:

1. Decidir de manera definitiva mediante una ley federal, el asunto del mando único: ¿policía nacional o policías estatales y municipales?

2. Una vez decididas las nuevas esferas de competencia y responsabilidad, destinar recursos suficientes para reclutar y formar 400 mil nuevos policías. Física, técnica, jurídica y psicológicamente certificados.

3. Cuidar que en los estados donde se ha conservado una seguridad razonable —Yucatán, Campeche, Quintana Roo, Chiapas, Oaxaca, Puebla, Tlaxcala, Hidalgo, Querétaro, Guanajuato, Aguascalientes y el Distrito Federal— se mantenga y no se contamine. Es conveniente, en esas entidades, fortalecer y dar confianza a las autoridades locales y ayudar a resolver, con apoyo federal, cualquier violencia circunstancial.

4. Urge enfriar las inconformidades y serenar los ánimos en las comunidades educativas, porque algunos de sus miembros desarrollan fácilmente alta conflictividad.

5. No es conveniente ni posible intentar recrear un centralismo político reloaded, donde todas las decisiones las tomen el Presidente de la República y su equipo. En el país ocurren, a cada instante, miles de incidencias políticas, económicas y sociales de incierta relevancia que requieren atención y solución inmediata. Para eso fue inventado y diseñado el federalismo: para aplicar autoridad, recursos y consensos, en el mismo sitio donde aparecen los problemas.

6. Por tanto, urge propiciar la destitución de las autoridades locales que no sean confiables, para dar a las que sí lo son respeto, confianza, autoridad y recursos. Solo la fuerza de las partes —como en todo organismo— da el poder al todo. Un engendro macrocefálico ya no puede gobernar un país enorme de 115 millones de habitantes. Eso —el engendro— estalló en 1982. Hace 32 años. Es imposible hacerlo renacer en la segunda década del siglo XXI.

7. Así que, es el momento de las grandes reflexiones y decisiones políticas que podrán hacer posibles las reformas estructurales: ¿federalismo o centralismo?

¿Democracia o autoritarismo?

alvalima@yahoo.com