Heterodoxia

Guerra santa…

¿Dónde ocurrirá el próximo atentado terrorista? ¿Cuántos periodistas más veremos decapitados? ¿Quiénes son los buenos en ese lío? ¿Estamos los mexicanos a salvo del contagio de la yihad y del ébola?

Inglaterra ha elevado al máximo la alarma sobre actos terroristas en su territorio. Muchos londinenses temen usar el Metro. La amenaza de los nuevos atentados la llevarían a cabo fanáticos ingleses de origen musulmán, recién llegados de los campos de batalla de Siria.

Mientras tanto, Estados Unidos lleva semanas bombardeando zonas del norte de Irak, tratando, por medio de la fuerza, de detener el sorprendente avance de un misterioso ejército del Estado Islámico, que pretende establecer un califato en el cercano oriente, similar a los que gobernaron la región en la Edad Media.

Todo parece insólito e increíble: ¿qué no los Estados Unidos y Europa habían derrotado la amenaza terrorista en Libia, Irak y Afganistán? ¿Qué no la decisión de Obama de retirar las tropas americanas ayudaría a consolidar la paz en esa región? ¿Qué no la primavera árabe traería vientos de modernidad a Medio Oriente? ¿Qué no los buenos en la guerra civil Siria eran los enemigos de Asad?

Pues no. Ahora resulta que las respuestas a todas esas interrogantes son negativas. Parece que la presencia militar estadunidense en Medio Oriente aumentará y va para largo. Que la amenaza terrorista de origen yijadista llegó para quedarse y extenderse. Que la tal primavera árabe modernista solo existió en la mente fantasiosa de los corresponsales acreditados en Medio Oriente. Y, parece también, que contra la opinión generalizada, el régimen autoritario sirio de Asad era mejor alternativa que el caos sangriento que ahora se vive ahí.

Es decir, que en el Medio Oriente, como en buena parte del mundo, las cosas no son lo que parecen y que bajo apariencias modernizantes se ocultan fundamentalismos arcaicos y violentos. De Libia a Pakistán y de China a Reino Unido.

Por los hechos que vemos, los análisis que hacen las agencias de inteligencia estadunidense y europeas sobre lo que ocurre en el mundo musulmán deja mucho que desear.

Por estas fechas, hace 10 años, se derrumbó la certidumbre que pregonaron George Bush y Colin Powell ante la ONU de que Irak poseía armas de destrucción masiva. Y esta supuesta verdad fue el fundamento —legal y moral— que llevó a desatar la espantosa guerra de Irak que, si bien derrotó al sátrapa Sadam Husein, también ayudó a propiciar el enorme caos que ahora se vive en toda la región.

Años después de aquel fiasco, George Tenet, ex director de la CIA y responsable del fallo de inteligencia, al haberle asegurado a Bush que la CIA tenía evidencia incuestionable de la existencia de armas de destrucción masiva en Irak declaró: “Fue lo más estúpido que he dicho nunca. El análisis que llevó a tal conclusión fue engañoso, negligente y fraudulento. No hicimos bien nuestro trabajo”. (Tim Weiner).

Por tanto, si al presidente estadunidense lo han timado sus propios espías y asesores vendiéndole basura en lugar de inteligencia, ¿qué podemos esperar nosotros? Quizá concluir que buena parte de los análisis que recibimos a través de los medios sobre lo que ocurre en Medio Oriente también son fraudulentos, negligentes y engañosos.

Pero aun así, entre la maraña informativa destacan datos duros: algunas cifras nos hablan de 7 mil europeos y estadunidenses convertidos en combatientes y terroristas del ejército del Estado Islámico. Muchos de ellos ya han empezado a volver a sus países de origen, con el fanatismo en sus corazones y negras intenciones en sus cabezas.

Por otro lado, el lenguaje de los hechos ha obligado a ubicar (¿temporalmente?) en la misma trinchera antiguos enemigos: Obama, los ayatolas chiitas y el ejército de Asad, enfrentados contra los violentos sunitas del califato. Mientras tanto, Arabia Saudita e Israel observan preocupados.

Estamos ante un caos impredecible, cuya grotesca cereza en el helado fue la felicitación de los yihadistas al argentino Messi por el gol con el que derrotó a sus adversarios chiitas de la selección de Irán. (Washington Post).

Así que, desconcertados nos preguntamos dónde ocurrirá el próximo atentado terrorista, cuántos periodistas más veremos decapitados, quiénes son los buenos en ese lío; ¿estamos los mexicanos a salvo del contagio de la yihad y del ébola?

Nadie lo sabe.

alvalima@yahoo.com