Heterodoxia

¿Egoísmo o generosidad?…

El mundo y Europa están conmocionados.

En un solo día murieron ahogados en el Mediterráneo cerca de mil emigrantes. Gran parte eran mujeres y niños.

El asunto no es nuevo. Tiene años que del norte de África —Libia, Egipto, Argelia, Marruecos— parten cascarones navegantes, abarrotados de marginados y perseguidos por los desastres en que se han convertido las antiguas colonias africanas. También por expulsados de los países del Medio Oriente que han padecido invasiones y guerras civiles.

Hombres jóvenes, madres solteras con hijos y mujeres embarazadas deciden jugarse la vida a cambio de una incierta esperanza para lograr nuevas oportunidades en la Unión Europea.

Cientos de siri@s, iraquíes, somalíes, eritre@s, nigerian@s, congoleñ@s, gabones@s paupérrimos se lanzan al océano solo con lo puesto; sin saber nadar y rogando que ocurra un milagro para que su embarcación —antes de hundirse— sea rescatada por la guardia costera italiana o española.

¿Qué hacer frente a este desastre humanitario que no cesa y amenaza con crecer?

El lunes se reunieron los burócratas europeos y anunciaron que habrá mayores fondos para incrementar las patrullas de salvamento.

Pero el asunto de fondo es complicado y muy similar al que enfrentan nuestros paisanos en Estados Unidos y los migrantes centroamericanos en México:

Porque en este doloroso tema, la ética y la legislación chocan frecuentemente: ¿dónde está la línea que delimita, razonablemente, la soberanía nacional y los derechos humanos? ¿Qué hacer con los millones de desplazados por los numerosos desastres humanitarios de nuestro tiempo? ¿Cómo conciliar las posiciones soberanistas de cierre de fronteras con las necesidades auténticas de mano de obra que tienen los países en crecimiento? ¿Quién vigila las prácticas represivas de las policías migratorias?

Nadie tiene una respuesta clara. Y mientras los políticos se ponen de acuerdo, los limitados esfuerzos humanitarios de la ONU se ven rebasados por la tragedia.

Y el colmo, en medio del horror, hay quienes impulsan posiciones fascistoides para convertir a los países en imposibles fortalezas medievales cerradas.

Está claro que el tema migratorio definirá el rumbo ético de nuestras sociedades: ¿fraternidad o barbarie? ¿Egoísmo narcisista o sensata generosidad?

En esas estamos.

alvalima@yahoo.com