Heterodoxia

Ébola y política...

Detrás del desastre en la vida y la salud de los africanos está una pésima política basada en abusos codiciosos.

Al parecer todo está vinculado a la política. Desde luego la economía, pero también la cultura, las comunicaciones, la calidad de vida y por supuesto la salud.

En México, por ejemplo, una buena política pública de salud llevada a cabo desde hace años por autoridades honestas y eficientes permitió la erradicación de la poliomielitis, el paludismo y el sarampión. En cambio, la epidemia de obesidad y diabetes que ahora azota al país es el resultado de una fallida prevención de la salud, de la falta de divulgación sobre las reglas básicas de la nutrición, de las malas condiciones de las redes de agua potable, del abuso publicitario de las transnacionales de alimentos y bebidas. Y todo lo anterior también es político.

Hay, como se sabe, enfermedades de países pobres como el cólera, la desnutrición y la disentería y, padecimientos de países ricos, como la gota, la anorexia o la depresión.

Así que, política y salud están correlacionadas en la historia. Y, desde luego, es el caso del desarrollo de la aterradora epidemia del ébola.

El virus ébola se descubrió en 1976, cuando apareció en las selvas del Congo del centro de África. El virus parece proceder de los murciélagos de la fruta, cuya mordedura, tal vez, infectó al primer humano. Sus víctimas tempranas fueron miserables campesinos recolectores que habitan esa región, típica de la llamada África Negra o Subsahariana.

Como bien se sabe también, la biografía política del continente africano ha sido un desastre; así es en el norte musulmán, plagado de dictadores grotescos como el recién derrocado Muammar el Gaddafi en Libia o de caudillos corruptos como el general Al-Sisi en Egipto o el rey Mohamed VI de Marruecos.

Pero la tragedia del África Ecuatorial es todavía más dramática, si esto es posible: un enorme territorio selvático, rico en materias primas, habitado por hombres y mujeres fuertes e ignorantes, que despertó la codicia de Europa. Y así, portugueses, holandeses, franceses, ingleses y españoles se abalanzaron sobre los indefensos africanos para esclavizarlos y venderlos a los colonos del norte y sur de América. De esta manera los siglos XVII y XVIII se cubrieron con la ignominia de quiénes participaron en uno de los mayores crímenes de la humanidad: la esclavitud.

La invasión, el reparto y el saqueo del África Negra por los europeos se extendieron hasta la década de los 50. Es entonces que surge la violenta rebelión de las colonias y son expulsados por la fuerza los ejércitos colonialistas.

Aparece entonces, de la mano de carismáticos caudillos independentistas, la esperanza de un África justa y próspera para los africanos. Nkrumah en Ghana, Sékou Touré en Guinea, Lumumba en el Congo, Léopold Senghor en Senegal, Nyerere en Tanzania, Mugabe en Zimbabue, Agostihno Neto en Angola, Zamora Machel en Mozambique. La izquierda del mundo de entonces festejó y alucinó con todos ellos, africanos auténticos, supuestamente comprometidos con la justicia y la defensa de los derechos humanos.

Desafortunadamente, África volvió a caer en la desgracia porque gran parte de estos líderes enloquecieron con el poder y se convirtieron en verdugos autoritarios de sus pueblos, aferrándose al puesto durante décadas. Todos ellos contaron con el apoyo de la CIA norteamericana o de la KGB soviética que en mala hora escogieron al África como un escenario más para la guerra fría.

Así, detrás del desastre en la vida y la salud de los africanos está una pésima política basada en abusos codiciosos. Detrás del ébola está el crimen autoritario, que creó las condiciones propicias de miseria e ignorancia para su propagación.

Tal y como ocurrió en nuestra rica y saqueada tierra caliente guerrerense: a la tragedia de Ayotzinapa, la precedió la injusticia y la corrupción.

Y, también, como en África con el ébola, el malestar nacional e internacional contra las autoridades mexicanas es una respuesta a décadas de mentiras y simulación.

Así, Iguala y sus violentas secuelas de ira, venganza y destrucción parecen ser nuestro ébola, grave enfermedad que puede convertirse en epidemia cuando se descubra el fondo nauseabundo que está detrás de todo esto.

¿Estaremos preparados para conocer la verdad?

alvalima@yahoo.com