Heterodoxia

Después del futbol…

Habrá que estar atentos al acontecer político de Brasil, porque lo que ahí ocurra repercutirá en toda la región. A todos conviene un Brasil democrático y próspero que enfrente la desigualdad y la delincuencia.

Los ojos del mundo se han vuelto a posar en Brasil. Solo unas semanas de descanso dieron las agencias noticiosas al gigante sudamericano después del Mundial. La muerte accidental de Eduardo Campos, candidato presidencial del Partido Socialista Brasileño, cambió el previsible desenlace electoral a favor de Dilma Rousseff e hizo que regresara la atención hacia aquella zona del mundo.

Una nueva estrella surgió de pronto en el panorama electoral con posibilidades de competir de igual a igual por la presidencia brasileña. Se trata de Marina Silva, ex compañera de fórmula de Eduardo Campos y, según todos los indicios, próxima candidata socialista.

La holgada reelección que muchos auguraban a la presidenta de la república ahora habría que matizarla. Desde luego, parece improbable que Dilma, Neves —el candidato socialdemócrata— o Marina obtengan más de la mitad de los votos en la primera vuelta. Por tanto, nadie duda que la presencia de Silva obligue a celebrar una segunda vuelta electoral. La novedad, entonces, consiste en descubrir quiénes serán los dos finalistas. ¿Dilma y Neves? o ¿Dilma y Marina? Nadie lo puede pronosticar con certeza.

Y esto es así, porque la conciencia y las expresiones políticas brasileñas han entrado en una dinámica impredecible. El fiasco de la selección en el Mundial, la crisis económica, el deterioro de los servicios públicos y la cínica corrupción política han derrumbado las antiguas certidumbres y han abierto posibilidades electorales hasta ahora inéditas.

La última encuesta publicada el lunes por Data Folha coloca a Marina Silva como segunda en la intención del voto para la primera vuelta electoral del 5 de octubre, 21 por ciento detrás de Rousseff (36%) y prácticamente en empate con el socialdemócrata Aécio Neves (20%). En una eventual segunda vuelta, la ecologista Silva obtendría más votos (47%) que la presidenta (43%).

Por otra parte, la extraordinaria biografía de Marina Silva le proporciona fortalezas contrastantes con sus adversarios: Marina es una auténtica luchadora social, con una hoja de vida impecable y un valor a toda prueba. Su difícil pasado familiar, que la condenó a vivir la infancia y juventud en pobreza y analfabetismo, la identifica con la mayoría del pueblo brasileño, así como su lucha ecologista, que comparten muchos ciudadanos de todo el abanico social. Marina es, además, una mujer mestiza profundamente religiosa, como decenas de millones de sus compatriotas.

La presencia de Marina Silva en la papeleta asegura, también, el singular camino, moderadamente izquierdista, que ha seguido Brasil: se trata de un sólido sistema capitalista exportador de materias primas y manufacturas dirigido por un gobierno federal poderoso que ejerce un enorme gasto social, bajo un liderazgo, tradicionalmente respetado, del presidente de la república. Todo ello acotado, a su vez, por un congreso plural.

Un sistema sui géneris —hasta hoy estable— que, sin embargo, ha salvado a Brasil de las tentaciones caudillistas tipo Venezuela, las torpezas populistas argentinas o las locuras estalinistas cubanas. Brasil e India son, desde hace décadas, dos enormes democracias sólidas y respetadas del mundo emergente.

Así que, gane quien gane de los tres competidores, la estabilidad democrática y económica de Brasil está garantizada. Lo que estará en disputa será el énfasis que el titular del Ejecutivo dará a sus programas. Si gana Dilma, seguramente se buscará resolver apresuradamente las demandas que reclamaron las clases medias durante el Mundial. Neves, además, buscaría recuperar el equilibrio perdido de la macroeconomía.

La novedad con Marina Silva se daría en el terreno de la ecología, tan importante en el devastado gigante amazónico y en el ejercicio honesto del servicio público con un nuevo equipo de funcionarios.

Habrá que estar muy atentos al acontecer político de Brasil, porque lo que ahí ocurra repercutirá en toda la región. A todos conviene un Brasil democrático y próspero que enfrente con éxito los retos de la desigualdad y la delincuencia (así que, ¿Dilma o Marina?).

alvalima@yahoo.com