Heterodoxia

¿Demasiado tarde?...

De acuerdo con la moda ideológica de los años 30, hace 85 años fue fundado el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, para agrupar en un solo organismo a todos los profesores y burócratas de la SEP.

De la misma manera obligatoria, los obreros mexicanos fueron encuadrados en la CTM, los campesinos en la CNC, y todos ellos en el PRM, padre del PRI.

Durante 70 años, millones de los así sindicalizados votaron disciplinadamente por "El Partido" y aplaudieron las decisiones del "Señor Presidente". Todo, a cambio de la seguridad en el empleo y algunas prestaciones.

Como respuesta rebelde a tal autoritarismo, hace 55 años surgió la CNTE. Una disidencia de izquierda dentro del sindicato nacional. Desde entonces se ha enfrentado violentamente al PRI y al gobierno. Sus dirigentes y militantes varias veces han sido encarcelados, golpeados y asesinados.

En contraste, en los años 70, los profesores del SNTE-PRI alcanzaron gran poder. Así, fueron maestros decenas de alcaldes, diputados, senadores, gobernadores y dos serios aspirantes a la Presidencia de la República (Hank y Olivares Santana).

En 1989, el presidente Salinas ordenó la caída del arcaico líder del SNTE, Carlos Jonguitud, y la imposición
de Elba Esther Gordillo. Es a partir de entonces cuando se agravó la descomposición corrupta del SNTE y la ascensión insurgente de la CNTE. Elba Esther, taimada y sumisa, sirvió a Salinas y a Zedillo, y después, aprovechando la coyuntura de la alternancia, traicionó al candidato del PRI, Labastida, para apoyar a Fox y después a Calderón y compartir con ellos la plenitud del pinche poder.

En 2012, el presidente Peña, receloso de la lealtad de Gordillo y su imperio, vio con alivio su enjuiciamiento. Este hueco fue aprovechado por la CNTE para avanzar. Y ha sido en medio de este caos sindical cuando se legisló la reforma educativa sin la participación de las dos corrientes sindicales.

Por esa exclusión, muchos profesores están irritados y se sienten amenazados. Unos a regañadientes y otros a gritos, pero la mayoría está inconforme.

Para estos profesores, el gobierno no tiene la autoridad moral para imponer la evaluación, ni la fuerza para obligarlos a aceptarla.

A estas alturas del conflicto y después de los muertos de Nochixtlán, al gobierno solo le queda una opción: "acordar, con flexibilidad y astucia, una versión light de la reforma, que trate de salvar la cara de las dos partes en conflicto".

alvalima@yahoo.com