Heterodoxia

Consulta popular escocesa…

En México debemos aprender la lección escocesa. No conviene que las decisiones sobre el desarrollo y la vida de las personas sean tomadas por grupos reducidos.

En los años cincuenta, solo uno de cada 100 escoceses deseaba su independencia de Reino Unido. Hoy rondan en 50 por ciento quienes así piensan.

¿Qué ocurrió? ¿Por qué un número tan elevado de ellos ahora quiere caminar solo después de tantos años de matrimonio?

Hace 300 años, ingleses y escoceses firmaron el Tratado de la Unión, mediante el cual se constituyó Reino Unido de la Gran Bretaña y, juntos, escoceses e ingleses conquistaron, gobernaron y transformaron la mitad del mundo (Australia, Canadá, India, Sudáfrica, Egipto, Nigeria, Nueva Zelanda, Palestina, Kenia, Guyana, Hong Kong, Jamaica, Belice y muchas otras regiones). Escocia suministró a la Unión, durante todos estos años, una gran colaboración educativa, tecnológica, militar, empresarial y también petróleo del mar del Norte, que está en su territorio.

Los escoceses, junto con los ingleses del sur, los galeses y los norirlandeses, formaron el sólido carácter británico, que fue el modelo de calidad de vida para buena parte de las élites mundiales. Asimismo, tanto en los campos de batalla como en las factorías y bares de las Islas Británicas la camaradería entre ellos fue notable. Entonces, ¿por qué ahora muchos escoceses quieren desmembrar Reino Unido?

La respuesta parece estar en la cabeza, el corazón y el bolsillo de los escoceses independentistas.

En la cabeza: porque tienen evidencias sólidas desde la década de los sesenta, de que la élite londinense que gobierna al país ha disminuido deliberadamente el desarrollo y la calidad de vida de Escocia. En el corazón: porque han sentido en carne propia la arrogancia con que el sur inglés ha abordado las justas demandas de autogobierno que desde hace 70 años han demandado. Y en el bolsillo: porque están hartos de la austeridad presupuestaria impuesta por los tecnócratas ingleses que gobiernan y que han disminuido dramáticamente sus prestaciones sociales.

En el fondo de la cuestión independentista escocesa está la misma inconformidad de otras regiones del mundo que se ven sometidas y despreciadas por los poderes centrales y sus insensibles burócratas. Es la rebelión de las comunidades locales y las personas ordinarias, frente a un distante autoritarismo que arruina sus vidas.

Ciertamente, esta rebelión popular, también radicada en Cataluña, el País Vasco, Córcega o Ucrania, se sustenta en los orígenes étnicos y culturales del remoto pasado de estos pueblos, pero es, básicamente, una apuesta para un futuro político diferente, donde se atiendan las necesidades más sentidas de las personas de carne y hueso y su entorno inmediato.

En Escocia, gane en las urnas el sí o el no, sus habitantes ya triunfaron: han atraído la atención de todo el mundo, han doblegado el poder de sordos políticos conservadores y liberales y han puesto en primer plano las demandas de sus regiones y comunidades.

En México debemos aprender la lección escocesa. No parece conveniente que las decisiones importantes sobre el desarrollo y la vida de las personas de las muchas regiones del país sean tomadas por grupos reducidos de soberbios tecnócratas del gobierno central, que deciden abstenerse de tomar en cuenta las opiniones locales.

Es claro el ejemplo escocés: ya no es sostenible ni funcional el autoritarismo central sobre las periferias. Ahora comunidades y personas de todas las regiones reclaman de los poderes centrales equidad en el reparto de los presupuestos y en la toma de decisiones.

Es irracional e injusto, por ejemplo, que la región que produce la mayoría de la energía y la biomasa de México —el sudeste— sea la más retrasada del país. Y que, desde siempre, sean escasas las inversiones federales en esa región.

Por tanto, parece pertinente y urgente fortalecer la inversión social y en infraestructura en el sudeste, para que no tengamos, dentro de algún tiempo, nuestra propia Escocia en Chiapas, Tabasco, Campeche y Yucatán.

Mientras tanto, ¿debe ser Escocia independiente?

Hoy mismo lo sabremos.

(Algunas ideas fueron tomadas del ensayo inédito de Firdaus Jhabvala: El terremoto político escocés).

alvalima@yahoo.com