Heterodoxia

Los Castro…

La similitud entre los Castro caribeños y los texanos fue el contacto con la política radical de los setenta. Fidel y Raúl promoviendo las guerrillas en Sudamérica y África, Julián y Joaquín acompañando a su madre a mítines y protestas.

Casi al mismo tiempo que Fidel y Raúl Castro entraban triunfantes en La Habana en 1959, con la promesa de construir una Cuba independiente y democrática; una madre soltera e indocumentada limpiaba pisos y platos en San Antonio, Texas. Años atrás esta mujer, Victoria Castro, siendo niña huérfana, cruzó ilegalmente la frontera mexicana con Estados Unidos, llevada por unos familiares compasivos que quisieron para ella una mejor vida, lejos del pueblo miserable donde había nacido.

Después de 54 años de aquellos hechos, mientras la estrella de Fidel y Raúl se apaga inexorable en La Habana, en medio de la desilusión y el fracaso, el astro que ilumina la vida de los nietos de aquella niña mexicana ilegal brilla intensamente en Washington.

Me refiero a otros destacados hermanos Castro: Joaquín, miembro de la Cámara de Representantes (diputado federal por Texas) del Congreso de Estados Unidos, y Julián, ex alcalde de San Antonio, Texas, y flamante secretario de Vivienda del gobierno de Obama.

Las similitudes entre ambas familias no pueden ser más distantes. Mientras Fidel y Raúl fueron hijos de un opulento terrateniente español del oriente cubano, educados en escuelas privadas, la abuela de Julián y Joaquín fue una mujer que conoció la miseria, la discriminación y el trabajo duro al que estaban condenados los emigrantes sin papeles.

De ella nació, en San Antonio, en 1954, su hija Rosy Castro, quien a diferencia de su rústica mamá, asistió a la escuela pública y logró graduarse en la universidad local. Como muchos jóvenes chicanos de los setenta, militó en organizaciones políticas que luchaban por los derechos civiles de los méxico-americanos. Madre soltera, como su madre, educó a sus hijos gemelos Julián y Joaquín en la disciplina y la dignidad y los llevó muchas veces a las manifestaciones y asambleas de su grupo Raza Unida, donde los chicos se vincularon para siempre con la actividad política.

Sin ningún apoyo paterno, bajo la tutela de su madre Rosa y su abuela Victoria, Julián y Joaquín estudiaron también la primaria y la secundaria en escuelas públicas de San Antonio, donde su buen desempeño los hizo merecedores de distinciones. Aprovecharon el camino que les abrió su éxito escolar y becados llegaron a la Universidad de Stanford. Julián además hizo una exitosa maestría en Harvard.

Así que la única similitud entre los Castro caribeños y los texanos fue el contacto de ambos con la política radical de los setenta. Fidel y Raúl promoviendo las guerrillas en Sudamérica y África, mientras Julián y Joaquín acompañaban, cuando niños, a su madre a mítines y protestas.

Durante la adolescencia y la juventud de Julián y Joaquín, en la década de los ochenta, el régimen cubano vivió sus mejores años. El apoyo económico y militar soviético fluía en ríos de dinero y Fidel plantaba cara a su villano favorito, Estados Unidos, en todos los rincones del planeta.

Pero todo lo que es gratis termina y al suicidio de La Unión Soviética siguió un largo periodo donde Cuba, sin el apoyo ruso, cayó en la miseria y la depresión.

En Texas, mientras tanto, Julián, siguiendo su vocación, se postuló a los 24 años como concejal (miembro del ayuntamiento) de San Antonio y triunfó. Más tarde, a la edad de 32 años, ganó la alcaldía de su ciudad. El éxito administrativo y político lo ha llevado a reelegirse tres veces con altas votaciones.

Fue la visión de Obama, los esposos Clinton y otros jefes demócratas, siempre atentos al carisma y al desempeño de los jóvenes emergentes en las filas de su partido, lo que llevó a Julián Castro al podio de la Convención Demócrata de 2012. Ahí apoyó la reelección de Obama en una intervención memorable que catapultó su figura a la política nacional.

Así que Julián Castro, el nieto de aquella sirvienta ilegal e hijo de la activista apasionada, se encuentra en la antesala de la candidatura a la Vicepresidencia de Estados Unidos, considerado para acompañar a Hillary Clinton en su próxima aventura electoral.

Podemos especular, con alguna base, que si los demócratas ganan las elecciones, a Julián Castro, tal vez en la Vicepresidencia norteamericana, le tocará acordar con los diplomáticos de la isla el levantamiento del polémico embargo cubano y, quizá, abrir el camino a una transición pacífica y democrática.

Estaríamos así ante una insólita paradoja castrista.

alvalima@yahoo.com