Heterodoxia

"Autodefensas"…

Urge un debate para reglamentar las acciones que los ciudadanos nos hemos dado para autoprotegernos de la delincuencia. No solo los ricos tienen derecho a vivir seguros.

En los medios del país y entre los corresponsales extranjeros revolotean graves confusiones:

¿Las policías comunitarias de Michoacán son buenas o malas? ¿Son pueblo organizado o narcotraficantes disfrazados? ¿Está México colombianizándose?

En principio, habría que aclarar explicando lo que ocurrió en Colombia durante la segunda mitad del siglo pasado, cuando florecieron las autodefensas.

Todos están de acuerdo que lo que vivió el país andino de 1950 al 2000 fue una guerra civil de larga duración y baja intensidad, donde todos los contendientes se financiaron con el narcotráfico. Así, los guerrilleros izquierdistas de las FARC y el ELN intentaron tomar el poder por medio de la violencia, mientras cobraban impuestos a los narcos en los territorios que dominaban. De la misma manera, las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), de los derechistas opositores a la guerrilla marxista, los combatieron con el dinero del narcotráfico. Durante varias décadas esta lucha a muerte incluyó el asesinato, el secuestro y el terrorismo.

Finalmente, el Ejército colombiano, armado y financiado por Estados Unidos, logró arrinconar a guerrilleros y autodefensas para desarmarlos y tratar de reinsertarlos en la sociedad.

Aquí, la historia de guerrilleros y autodefensas ha sido diferente, por el origen, la ideología y la dimensión del fenómeno.

Más allá de rumores y chismes, no existen pruebas presentadas de que las policías comunitarias michoacanas tengan un origen guerrillero o estén financiadas por el narcotráfico; más bien han surgido desde las agrupaciones de microempresarios agraviados por la delincuencia para llenar los graves vacíos de poder que las autoridades han permitido en la Tierra Caliente michoacana y en la Montaña de Guerrero. Su número es reducido y su armamento precario.

Por tanto, pedir que el Ejército mexicano se enfrente a ellos, porque están fuera de la ley, es una exageración. Sería tanto como pedir que la Policía Federal se enfrente a las muchas policías privadas que existen en empresas, condominios, transportes, universidades, antros, fraccionamientos y bancos porque, también, muchas no cumplen estrictamente con la ley.

Algunas veces la corrección política exagera sus peticiones a la autoridad, como si el país viviera una convivencia civilizada similar a la de los países escandinavos. Desgraciadamente no es así y cerrar los ojos a ello es vivir en la irrealidad. Infortunadamente en buena parte del mundo y, desde luego en México, la realidad no es blanca y negra. Más bien conviven en ella todas las tonalidades del gris:

Es evidente que en gran parte del México urbanizado y clasemediero cohabitan prácticas sociales civilizadas con un primitivismo en fuga. Pero esto no es así en algunas zonas rurales serranas, donde las prácticas del México viejo y bronco siguen vivas y, por tanto, la aplicación de algunas normas jurídicas solo puede realizarse con la ayuda de la prudencia, la paciencia y la perseverancia.

Por eso urge un debate serio para reglamentar las acciones que los ciudadanos nos hemos dado para autoprotegernos de la delincuencia: ya se trate de bardas alambradas, seguridad privada o de guardias municipales como las de Tepalcatepec o La Ruana. Porque no solo los ricos tienen derecho a vivir seguros y autoprotegidos.

Debemos dejar la negación facilona y aceptar que, desde siempre, en México las autoridades no se bastan para proteger todo el tiempo a todos los ciudadanos. Y que una buena parte de mexicanos hacemos uso de algún esquema de autodefensa; incluyendo quizá hasta algunos de los mismos críticos de los guardias comunitarios.

Por eso, ante tantas nuevas circunstancias desgraciadas surgidas por nuestra conflictiva realidad, urge una legislación que establezca una línea clara entre ciudadanos y delincuentes. Que aclare definitivamente las atribuciones de la Policía Nacional y de las fuerzas armadas y también las de las comunidades organizadas que buscan protegerse.

Necesitamos empezar a blanquear los muchos grises que padecemos y, para lograrlo, la ceguera, la hipocresía y la negación no ayudan.

Solo decir y vivir la verdad funcionará.

alvalima@yahoo.com