Heterodoxia

Anular o judicializar…

Dos actitudes básicas se han desarrollado ante las próximas elecciones.

Los menos ven con optimismo la participación de partidos y candidatos en los 13 estados donde se renovarán los poderes públicos. Piensan que, aún con tropiezos, nuestra democracia avanza hacia su perfeccionamiento. Reconocen que hay un deterioro en la calidad de la operación del INE, pero lo atribuyen a la inmensa carga de trabajo que significa actuar, al mismo tiempo, en 13 elecciones locales y en la de la Ciudad de México.

Para estos optimistas, los comicios que se celebrarán en 10 días ampliarán la participación y mejorarán la gobernabilidad.

Desafortunadamente son más los pesimistas que ven con escepticismo las elecciones. No están satisfechos con sus resultados. Creen que solo hemos transitado del autoritarismo corrupto de pocos, a la generalización del atraco. Ven con miedo como se ha deteriorado la seguridad y temen que la pulverización del poder traiga males mayores. En el fondo añoran un pasado que nunca volverá. Muchos de los desilusionados irán a votar, pero si las cosas no mejoran, dudarán en hacerlo otra vez.

Mención aparte merece la clase política tradicional, que nunca ha aceptado la democracia, y no creé que los mexicanos seamos capaces de autogobernarnos. Para ellos, los hombres fuertes siguen siendo indispensables y, por tanto, solo simulan ser demócratas, pero si sus candidatos no ganaran, están decididos a sabotear los comicios.

Hasta ahora, la sangre no ha llegado al río. Pero el tamaño del botín y la ambición de poder pueden romper los diques.

Sería saludable una declaración inequívoca de la máxima autoridad de la nación a favor del respeto a la voluntad ciudadana. De esta manera, se desalentaría a los que quieren ganar como sea.

Habrá que tener confianza en que el Presidente y su equipo, que no tienen mucho en juego en estas elecciones, perciban que los ojos del mundo estarán, nuevamente, sobre México, y que la anulación o la judicialización de los resultados electorales sería una derrota para ellos.

El renacimiento de los conflictos postelectorales mandaría la señal de que México continúa atascado en un pasado ignominioso.

alvalima@yahoo.com