Heterodoxia

Alcoholímetro…

El Dr. Manuel Mondragón es un servidor público prestigiado. A su paso por la Secretaría de Seguridad Pública del DF estableció el programa Conduce sin Alcohol, el del alcoholímetro, a fin de penalizar con 24 horas de arresto a los conductores de vehículos que tengan cantidades etílicas peligrosas en su organismo.

El alcoholímetro ha sido un éxito: ha inhibido la conducción irresponsable de vehículos, salvado decenas de vidas y mostrado que la ley puede ser pareja para todos.

El Dr. Mondragón, en un nuevo encargo federal, ha anunciado la extensión del alcoholímetro a toda la República. De lograr su propósito, el funcionario hará un bien al país. Por fin una acción pública exitosa, honesta y ejemplar. Un garbanzo de a libra.

Por eso extrañan las declaraciones atribuidas al mismo Dr. Mondragón en MILENIO Diario (23/07/15), donde afirmó que va “a cerrar 14 mil Centros de Alcohólicos Anónimos que funcionan en el país”.

De ser cierta la declaración —francamente no lo creemos—, estaríamos ante un atentado a la libertad y los derechos humanos sin precedente. ¿A título de qué se cancelaría la libertad de reunión de cientos de miles de compatriotas? ¿Cuál sería el argumento jurídico para expulsar de su domicilio social a ciudadanas y ciudadanos que se reúnen pacífica y voluntariamente a tratar asuntos de carácter estrictamente privado? ¿Cuál el argumento científico para estigmatizar terapias de autoayuda recomendadas por la Organización Mundial de la Salud?

La otra declaración atribuida al Dr. Mondragón se refiere a las nuevas estrategias que se pondrán en marcha para que el Estado asuma la responsabilidad de rehabilitar adictos.

A nuestro juicio, un asunto tan complejo y delicado como la conceptualización de las adiciones, su prevención y rehabilitación, merece una reflexión y un debate en el seno de la sociedad antes de iniciar medidas represivas o redentoras controvertidas.

Así que sería sano conocer cuáles son los fundamentos y las metas de las nuevas estrategias para combatir las adicciones y asegurarnos que cuentan con el aval de las organizaciones sociales que llevan décadas trabajando este tema.

Por tanto, si bien la aplicación nacional del alcoholímetro es un acierto, la persecución de grupos de autoayuda no lo es.

alvalima@yahoo.com