A Rajatabla

La vía no va

Desde el primer momento se advirtió que el principal problema que iba a enfrentar Vía Ciudadana para convertirse en real opción para la participación cívica no eran ni el PRI ni el PAN, sino el vedetismo de la mayoría de sus fundadores.

En pocas semanas ya se agrietó el grupo con la renuncia de la activista de izquierda Liliana Flores Benavides, quien denunció la agenda escondida de algunos organizadores y hasta la falta de transparencia en el manejo de sus fondos y en la afiliación de personalidades.

El vedetismo es superable. Cuestión de apaciguar la desaforada ambición de Miguel Treviño, que ve en vía Ciudadana su trampolín particular para dominar el escenario de la oposición.

Pero la organización puede acabar no siendo viable por no ajustarse al modelo democrático que ha logrado revolucionar la política en otros países.

Se requieren opositores que acepten una agenda realmente común, sacrificando algunos de sus postulados y aceptando con humildad un verdadero liderazgo colectivo.

Caben todo tipo de grupos y hasta partidos, pero no sólo aspirantes resentidos, de los partidos mayores, que se acercan no para aportar sus fuerzas, sino para aprovechar la inercia ajena en contra de sus paridos originales. ¿Me estás oyendo, Jaime? ¿Me estás oyendo, Fernando Elizondo?

Ser otro partido más. Arrancar con los vicios ajenos, no es precisamente la vía.