A Rajatabla

La tumba de los políticos

Entre las muchas barreras que está tratando de vencer Margarita Arellanes en su búsqueda de la gubernatura está la creencia, un tanto mítica, de que la alcaldía de Monterrey es la tumba política para casi cualquiera.

Mítica, porque de la alcaldía pasaron al otro palacio para ser dos gobernadores, uno constitucional, Sócrates Rizzo; y otro sustituto, Benjamín Clariond.

Pero Rizzo no pudo acabar su mandato, al pasar de ser el gran amigo de un presidente, al apestado del siguiente. La bacha del sexenio inconcluso sería para Benjamín, a quien le bastaron dos años para desacreditar al PRI y entregar el poder al primer gobernador panista de la historia, casualmente su primo Fernando Canales.

Sólo otros dos han llegado a tener tanta figura como para aspirar a ser gobernador: Leopoldo González Sáenz y Ricardo Canavati.

Por algún karma la suerte los eludió y, aunque los cargó de honores, ninguno de los dos pudo llegar a Palacio de Gobierno.

En momentos circunstanciales parecieron tener opciones Óscar Herrera y Jesús Hinojosa. Y Luis M. Farías siguió exactamente el camino contrario: primero fue gobernador y luego alcalde.

A todos los demás se los ha cargado el chamuco; a lo más que han llegado es a una diputación federal, como le pasó a Felipe de Jesús Cantú y a Fernando Larrazabal.

Los demás han sido como el viento que de madrugada sopla y tumba alguna sombrilla del jardín, pero que de ahí no pasa.