A Rajatabla

Los sueldazos públicos

Nos irritan los sueldos abultados y las compensaciones que se autoaplican nuestros funcionarios estatales y municipales.

Pero ya olvidamos que llegamos a esos extremos por recomendación de las cámaras y los empresarios. Su razonamiento era que, con salarios miserables, no íbamos a contar nunca con funcionarios eficientes o dedicados.

Buenos ingresos, además, abrirían bolsa de trabajo para el servicio público, entre los ejecutivos de la Iniciativa Privada y aun entre los empresarios más calificados.

No bastaba con buenos salarios. Había que agregar compensaciones para premiar el desempeño y desalentar la pereza. Con ingresos razonables, en fin, se eliminaría la tentación de meter mano al erario o corromperse.

Treinta años después de esa gestión empresarial, los sueldos de diputados, regidores y funcionarios son exagerados, oprobiosos. No llegaron a los cargos los empresarios ni los altos ejecutivos privados, salvo los que estorbaban en las cámaras y empresas.

Las compensaciones se volvieron parejas y automáticas. Y los diputados hasta añadieron una partida mayor para sus gastos de gestión.

Y no necesitamos argumentar ni ejemplificar sobre el destierro de la corrupción, que nunca llegó. Hoy el uso avorazado del erario se volvió plaga devastadora de los presupuestos.

Y ese rico panal de sueldos y compensaciones volvió encarnizada la lucha dentro de los partidos por llegar, no al servicio, sino la nómina y los presupuestos.