A Rajatabla

Para lo que sirven

Bajo presión de medios y ciudadanos, los alcaldes buscan la solución mágica al problema de la inseguridad.

Saben, de entrada, que el crimen organizado tiene armas y recursos muy superiores a los de sus corporaciones municipales.

Y detrás de los criminales llega la nube de pequeños delincuentes, envalentonados, que imitan sus pasos. Que ya aprendieron que la más efectiva forma de robar es sembrar el terror entre los desarmados civiles.

La solución mágica a ese grave problema es la intervención de las fuerzas armadas, con equipo y adiestramiento para enfrentar a los más violentos.

No le hacen ningún favor extraordinario a los municipios ayudando a combatir la plaga. Es parte de su misión nacional y función dentro de su jurisdicción federal.

El exceso es querer que anden las tropas y marinos revisando antros, persiguiendo robacristales, hacienda retenes de rutina.

Sustituyendo o vigilando a funcionarios designados por los mismos alcaldes.

Ellos tienen que asumir con celo la tarea que siempre les confirió la ley: hacer respetar el orden y la tranquilidad de sus gobernados.

Y apoyarse en las fuerzas federales para perseguir a los mayoristas del crimen.

La misión de militares y marinos es la seguridad pública, no remendar las chapuzas de malos gobiernos municipales.