A Rajatabla

Una relación rasposa

Por mandato de la ley no hay subordinación alguna de los municipios y Gobierno del Estado.

Situación que se complica cuando el municipio es Monterrey, donde residen los poderes municipales y estatales, donde viven casi todos los pobladores del estado, donde está el mayor porcentaje de la inversión empresarial y las obras viales, que en esencia corresponden al Gobierno Municipal, pero requieren la intervención del Estado con algunas de sus mayores inversiones en obras públicas.

Eso implica relaciones difíciles entre el gobernador y quien sea alcalde de la ciudad. Las que se agravan cuando uno es priista y el otro panista.

Diferencias que se resuelven con  sensibilidad y con la prudencia que demanda ese empate de competencias y poderes.

Hasta con Fernando Larrazábal esa armonización se dio, aunque fuera con algunos raspones.

Pero luego llegó Margarita Arellanes con nula experiencia y ganas de llegar a gobernadora, así fuera atropellando al Ejecutivo actual.

Tampoco le ha interesado coordinarse con las obras que afectan a los ciudadanos, como es el caso de la Ecovía, para la que no tuvo la cortesía ni siquiera de mandar una docena de agentes de Tránsito a regular sus cruceros.

Más grave es que haya coordinación posible entre Monterrey y los demás  municipios metropolitanos que provoca  gasto desordenado de sus presupuestos y obras empalmadas.