A Rajatabla

De rebote

La política nacional y local se influencian recíprocamente al grado de cambiar rumbos que ya los tenían por logrados, como es el caso de la sucesión en Nuevo León en favor de Ildefonso Guajardo.

Parecía el candidato lógico seguro para la gubernatura de Nuevo León, por su prominencia en el Gabinete y por la cercanía al Presidente de la República.

Pero a partir del viaje presidencial a China la política nacional entró en ebullición y todo cambió el horizonte de Peña Nieto. Los estudiantes desaparecidos, la Casa Blanca, el mal desempeño de la economía, todo se tradujo en una crisis mayor para el inquilino de Los Pinos.

Imposible esperar que el Presidente se distraiga de eso para atender un problema que se puede resolver de diferente manera, como es el caso de Nuevo León.

Porque la situación económica hay que resolverla porque de todos lados llega la recomendación urgente de modificar el Gabinete, la preponderancia de Guajardo lo coloca en el punto crítico de las decisiones mayores.

México entero lo necesita en la economía o la cancillería y el Presidente puede verse orillado a delegar el asunto de Nuevo León o a pedir que faciliten las cosas. Por ejemplo, con una sugerencia desde el Gobierno del Estado.

En un movimiento así se reevalúan todos los otros precandidatos, hasta los que se consideraban ya fuera de la competencia y, por supuesto, se ponen en la cabecera los recomendados del gobernador.

No es por insistirle pero tenemos meses diciéndole una frase muy descriptiva pero cierta: hasta ahora no hay nada para nadie. Y ahí seguimos.