A Rajatabla

No cualquiera puede

Para elegir a un gobernador debiéramos aplicar examen de admisión, darles inducción y capacitación. Casi casi una certificación como a los policías.

Son el mínimo de requisitos para un cargo tan importante y delicado. Cuyos resultados no afectan a un centenar de accionistas sino a millones de nuevoleoneses.

Para empezar por lo más obvio: tomará decisiones por 60 mil millones de pesos cada año, más que un alto ejecutivo de FEMSA, Alfa o Vitro.

Decidirá igual sobre obras públicas que cambiarán la fisonomía del estado. Que cambiarán para bien o para mal la vida y comodidad de millones de personas.

Con el gasto público bien organizado estimulará la creación de miles de empleos, de negocios.

Administrará una fuerza pública con miles de elementos, muchos de ellos armados con rifles de asalto.

Tiene que administrar un palacio, una oficina alterna, cientos de alquileres, tres penales, una oficina en México.

Tendrá que atender a una clientela demandante, contentadiza con necesidades no resueltas.

Lo de la certificación se deduce de esas tareas tan serias; que la declaración de bienes pueda ser supervisada, que en el esculque igual se investigue la fortuna y negocios de toda la parentela y de sus compadres. Además, que sepa manejar el estrés, ser líder de su equipo.

Para un cargo así de importante no bastan el carisma, la buena estampa ni el saber organizar campañas electorales.

 

jvillega@rocketmail.com