A Rajatabla

Los prófugos

Con fría lógica podría decirse que los muchos que han abandonado sus casas para no pagarlas son irresponsables e ingratos ante un beneficio social que les procuró el Gobierno, pero la verdad es que son víctimas de la demagogia e irresponsabilidad de la autoridad.

Las casas se construyeron en tierra de nadie, en municipios remotos sin equipamiento urbano ni los recursos públicos para satisfacer necesidades de servicios y de comodidades de transporte, clínicas y entretenimiento.

Se las entregaron con un enganche pequeño y una hipoteca grandísima. Firmaron pagarés para el resto de sus vidas. Pronto descubrieron que las paredes tenían el espesor de un hot cake, los techos eran una mala imitación de uno verdadero, que el transporte para llegar a la escuela era carísimo, que no había un parque dónde jugar con los hijos, un súper para comprar la despensa, una clínica para recurrir en caso de necesidad.

Miles de esos vecinos simplemente le echaron llave a la puerta y la abandonaron sin avisarle a nadie y sin ningún trámite legal.

En su inconsciencia e ignorancia no se dieron cuenta que quedaron fulminados como sujetos de crédito con una deuda impagable y que los inhabilitaría para cualquier futura operación crediticia.

Mientras los constructores ya cobraron las casas y los ex funcionarios aún presumen sus exitosas políticas de vivienda popular y a ninguno le importa haber arruinado a la gente más desvalida al haber creado miles de casas inhabitables, impagables y propicias al abandono.

 

jvillega@rocketmail.com