A Rajatabla

Por la prisa

La reforma política se acordó bajo chantaje de los panistas que lo pusieron como condición para aprobar la reforma más importante, la de los energéticos. Por eso se legisló de prisa y sin reflexionar los cambios propuestos con visión partidista.

Vea por ejemplo lo de la reelección de los alcaldes, que puede ser punto de explosión social a corto o a largo plazo. Abriría otras estrategias más prácticas y efectivas para administrar bien la ciudad; como se ha propuesto varias veces, habría que empezar por designar un administrador permanente de la ciudad, alguien que estuviera al frente de ella sin importar el partido que gobernara.

En las grandes ciudades así han crecido con planeación y resultados no disminuidos por los cortos periodos de elección. Ciertamente en tres años nada se puede planear con certidumbre, el primer año lo pasan los alcaldes aprendiendo, el segundo haciendo obras a la carrera y el tercero preparando la salida y poniendo listones.

Pero elegir y reelegir y volver a reelegir a un alcalde con la mente quizá en la gubernatura o en la diputación nada garantiza, salvo una codicia sin límites a ejercerse durante 6 o 9 años.

El administrador, en cambio, no tiene prisa, sabe que no le responde a un partido sino a la comunidad entera, y que ya designado no necesita elección alguna, servirá en el cargo mientras dé resultados vistos a largo plazo.

Imagínese la ciudad que tendríamos si la administrara un Sergio Joel Vargas o un César Lazo o un Jorge Longoria.

 

jvillega@rocketmail.com