A Rajatabla

Todo es política

Es difícil disimular el apetito de votos de los funcionarios y aspirantes a diferentes cargos. Es parte de su naturaleza politizar todas sus acciones.

Así son los políticos de todas las tendencias en todos los países más o menos democráticos.

Ese atractivo de los votos anima al presidente Obama, por ejemplo, a acudir a un lugar destrozado por tornados, para ofrecer apoyos a los damnificados, cosa que podría hacer desde su Oficina Oval.

Pero en Nuevo León esa práctica de los funcionarios se agrava por la percepción distorsionada de los medios.

La politización extrema es de los medios, que reducen a los funcionarios y políticos a buscadores ramplones del voto.

Los denuncian si reparten una despensa, si conviven con las señoras del barrio en un bailable, si se retratan besando a un niño, si festejan la entrega de una obra pública o de un servicio de solidaridad.

Está mal el gobernador si se mezcla con una multitud en un barrio; está peor la alcaldesa si reparte mochilas a escolares en colonia de pobres. Peca la senadora que viene a su terruño a celebrar un acto nacional de su organización.

Le ponen marca los reporteros a cada funcionario para denunciar si hace algún favor o servicio a un ciudadano en desamparo.

Tal parece que la intención no es sanear la vida pública, sino paralizar las labores de solidaridad “porque no vaya a ser que se politicen”.