A Rajatabla

Los peores delitos

El secuestro y la violencia familiar son  marca degradante sobre una comunidad que debe aprender a defenderse.

Ya se nos hizo callo con las noticias cotidianas de ejecuciones, asaltos, disputas   mortales por el mercado de la droga.

Todas esas lacras reclaman la acción enérgica, severa, por parte de la autoridad.

No podremos cantar victoria por la baja estadística de la violencia. Sigue siendo infamante marca sobre Nuevo León.

Pero en el 2014 la sociedad entera, apoyada en la fuerza del estado, debe emprender una campaña sin cuartel contra los dos delitos más oprobiosos.

Uno es el secuestro. Que haya denuncias, no negociaciones particulares, a veces con peores resultados.

Alertar a los ciudadanos a denunciar las casas sospechosas de ser guaridas de secuestradores, seguir el ejemplo del Código Ámbar sobre desapariciones: Vamos entre todos a buscar a las víctimas.

Y exigir a gritos, con energía, que la autoridad persiga, consigne bien y procese sin complicidades judiciales a los secuestradores.

El otro delito infamante no lo comete el crimen organizado, ni hampones profesionales: es el de la violencia familiar, que con vergonzante frecuencia llega hasta el asesinato.

Más que por policías, esa violencia demanda atención social, defensa amplia  de las víctimas, escarmiento de los golpeadores, rescate de los hijos.

El secuestro y la violencia familiar son  marca degradante sobre una comunidad que debe aprender a defenderse.