A Rajatabla

El padre derrochador

Imagine a un padre que se parte el lomo para sostener a su familia. Prefiere conducir un auto viejo, vestir con lo del año pasado y renunciar a las cacerías y el dominó.

Nadie vería mal que ese padre abnegado pidiera el apoyo de su esposa y de sus hijos que tienen un empleo. Entre todos, las cargas son menos.

Pero imagine a otro padre de familia que se gasta la herencia, los ahorros y lo que gana su familia. Viste con ropa de diseñador, calza Ferragamo y trae auto deportivo. Hace las fiestas más ostentosas y mantiene a sus amiguitas.

En teoría hay que ayudar al jefe de familia, pero no tiene autoridad moral para pedirla el derrochador, el que no pone disciplina ni límite a su tren de vida.

Nos parece falta de solidaridad social hacer campañas contra los impuestos o denunciar histéricamente cada nuevo crédito público o cualquier sistema de financiamiento que implique deuda. Es nuestro compromiso ciudadano el aportar los impuestos que alimentan el sistema de gobierno, los programas sociales.

Lo irritante, lo que anula la buena intención ciudadana, es el ver gobiernos gastones, tracaleros, con funcionarios viajando en helicóptero y de compras en el extranjero, mientras le cargan a la familia el peso gravoso de las hipotecas y los adeudos.

El mejor argumento para cobrar y aumentar impuestos es un gobierno realmente austero, honrado, que hace rendir los dineros sin moches, sin desaseo.

Pagamos la música, pero que no desafine.