A Rajatabla

Por si se ofrece

El gobernador Rodrigo Medina parece tener en mente una estrategia para la elección de su sucesor que choca con la que suponen los priistas y la mayoría de los aspirantes.

Ellos creen que, como en el siglo pasado, el Presidente de la República sigue llevando mano en la designación del candidato a gobernador.

Pero la experiencia de su relación personal con Enrique Peña a los 18 meses del retorno a Los Pinos difiere de esa interpretación absoluta del poder presidencial.

Enrique Peña Nieto consulta sus decisiones sobre la entidad con el gobernador, e incluso le cede la iniciativa, como sucedió en los casos de la Línea 3 y del agua del Pánuco.

Basado en eso, Rodrigo se la juega por ahora con el aspirante más próximo al Presidente.

Pero se prepara para la otra posibilidad: que Peña Nieto decida apoyar una decisión estrictamente local, con el gobernador disfrutando tanto de esta actividad como del derecho de veto.

Para esa eventualidad, Medina parece traer bajo la manga un as escondido que pondría sobre la mesa, presentado el caso.

Dicen que esa carta oculta sería su colaborador más cercano, el opresor político que neutralizó la mayoría panista en el Congreso del estado, el que coordina los esfuerzos militares y estatales para combatir la inseguridad.

Esa opción sería Álvaro Ibarra.