A Rajatabla

Todos están ocupados

Don Miguel Hidalgo gozaba la placentera vida de cura de pueblo. Juárez pudo dedicarse de por vida a pastorear ovejas. A Madero le sobraban negocios familiares qué administrar.

Pero ellos, como otros cientos de ilustres mexicanos a lo largo de la historia, sacrificaron su rutina y hasta la vida por buscar la justicia y la democracia para su pueblo.

Sus egregios ejemplos se nos ocurren ante las sugerencias de los lectores sobre quiénes pueden encabezar el cambio a partir de nuestra sociedad.

Los que tomen como suya la lucha frontal contra la corrupción y la impunidad.

Sugieren nombres de empresarios, de profesionistas, de activistas y hasta de sacerdotes y pastores.

Luego de enumerar sus virtudes, su valor civil, su capacidad de convocatoria, de todos apuntan que, lamentablemente, están muy ocupados con sus negocios, con su desempeño profesional.

Alguna vez me quise evitar una tarea editorial en mi iglesia, alegando que tenía mucho trabajo en el periódico.

Mi pastor me convenció con un argumento impecable: Dios se vale de los ocupados, de los que se desempeñan en su trabajo; los prefiere sobre los desocupados o sin quehacer productivo.

Igual ahora tenemos que persuadir a nuestros hombres y mujeres prominentes a que asuman el compromiso con su comunidad, que sacrifiquen su comodidad en aras de un mejor país para sus hijos y para los nuestros.