A Rajatabla

Ya no son modelos

Para orgullo del PAN, por años fueron San Pedro y San Nicolás los municipios con mejor imagen, con problemas casi resueltos.

La explicación de ese prodigio era la presencia continuada del partido en los poderes municipales. Y el matiz ciudadano que daba su mística a la política local. Pero la presencia prolongada en el poder conduce a vicios y excesos que suelen prevenirse con la alternancia.

En San Pedro hay funcionarios inhabilitados y hasta procesados por corrupción. Y un alcalde de buena fe, como Ugo Ruiz, lleva meses corrigiendo los entuertos que le heredaron sus antecesores, incluyendo concesiones ruinosas de parquímetros y carteleras, desarrollos irregulares, un paseo monumental fallido y hasta infiltración del C4.

En San Nicolás, el sólido grupo panista degeneró ya en feudo familiar de los Salgado, el PAN entero está en la nómina municipal y el crimen organizado sigue infiltrado y dominante.

Ambos municipios resienten no sólo los vicios de la permanencia en el poder de un solo partido: reflejan también las deformaciones y descomposiciones del PAN en Nuevo León.

El reproche no es sólo al PAN, al que le urge una depuración, una vuelta a sus valores tradicionales.

La censura es también a los priistas, que han abandonado la lucha por el poder tanto en San Pedro como en San Nicolás. Tienen en escombros sus estructuras electorales, no ejercen la oposición permanente que cuestione y modere el ejercicio del poder.