A Rajatabla

Los no informes

En los informes de gobierno del Presidente, de los gobernadores, era abominable el culto a la personalidad: paseíllo triunfal, contestación que era pura adulación, páginas enteras del periódico y medios electrónicos en cadena nacional o local, según el caso.

Ni siquiera eran ya informes, sino recitación triunfalista de logros, a veces exagerados, a veces inexistentes. Dos o tres frases para los bronces y mandar besitos a la señora por su visionario manejo del DIF.

Hasta que se reventó la cuerda por lo más delgado. Empezaron las interpelaciones rudas, las pancartas en mitad del recinto, los insultos a coro.

Hasta llegar al extremo de cancelar la lectura de los informes, que ahora se dejan en la puerta, de mala manera.

Esa cancelación parece democrática pero no lo es. Se frustra la rendición de cuentas ante los ciudadanos. Y el informe escrito sólo lo leen los de la oposición, exclusivamente para juntar metralla crítica contra el gobernante.

El protocolo y la cortesía entre poderes es adorno de la democracia, abren la puerta al diálogo constructivo, a la discusión civilizada de nuestras contradicciones.

Habría que revisar con sensatez este asunto de los informes. Volver a la ceremonia tradicional pero con reglas rigurosas de discreción.

Para acabar con el otro desfiguro, los no informes que se acaban pronunciando en sedes alternas, con público aplaudidor, en lugar de legisladores críticos.