A Rajatabla

¿Por quién hablan?

En el baile de máscaras que semeja la vida de la comunidad, ya no sabemos bien a bien quién está detrás de cada máscara y se confunden los papeles.

Nadie cree, por ejemplo, que el interés obrero está representado por Ismael Flores, dirigente de la CTM. Se le relaciona menos con problemas o conquistas obreras que con los grandes negocios del transporte.

Los diputados locales, sean del partido que sean, no encajan como representantes realmente populares. Hablan por su interés y por sus fobias.

Tampoco queda claro que personajes como José Mario Garza Benavides y Sandrine Mollinard, representen genuinamente la voz y la opinión de las cámaras.

Cuando se lanzan contra el gobernador o contra un alcalde en particular para enjuiciar sus políticas de seguridad, los empresarios, los dueños, se apresuran a dar shampoo de cariño a los cuestionados.

El resultado más lamentable de esa disociación entre investiduras y realidades es que los ciudadanos, sean obreros, electores o empresarios, se sienten carentes de participación y de influencia sobre las conductas públicas.

Por eso, ante la injusticia o la pifia de los funcionarios, el ciudadano apela al único tribunal que los escucha: los medios y los periodistas.

La tarea de reconstrucción de los organismos representativos, sean sindicatos, Congreso, cámaras, importa no sólo a su agremiados. Importan los consensos, las confluencias de iniciativas, no los monólogos de sordos.