A Rajatabla

La guerra y la paz

De marzo a junio del año 2015, los partidos políticos y los candidatos a gobernador van a darse hasta con las macetas. A combatir fieramente en pos de los votos de los electores.

Ese es el juego democrático: la confrontación dura, sin tregua, de personalidades y plataformas, la competencia en estrategias de persuasión sobre las opiniones.

Lo que no vale es declararse permanentemente en campaña. Teñir de partidismo las funciones públicas que se desempeñan, no sólo rehusar meter el hombro sino dedicarse por sistema a estorbar todas las acciones de gobierno. Vale el reproche para los desorbitados diputados locales panistas, que se la pasan con el casco y el chaleco antibalas, en guerra cotidiana contra el gobernador Rodrigo Medina.

Y vale contra los priistas que se la pasan cuestionando a diario cada acción, cada transacción de la alcaldesa panista Margarita Arellanes.

O los diputados federales panistas que gestionan recursos exclusivamente para los municipios gobernados por su partido.

Parafraseando un dicho español, habría que recomendarles la fórmula para competir de los periodistas: “Para el pan, como hermanos; para ganar noticias, como gitanos”.

La inseguridad, las deudas estatal y municipales, la movilidad, la pobreza, requieren trabajo de todos; de todos juntos, sin importar color ni partido.

Ya habrá tiempo, en 2015, para cavar las trincheras de la guerra electoral. No antes.