A Rajatabla

El gran perdedor

La reconversión de Fernando Elizondo que pasó de panista a ex panista, candidato de un partido menor a entusiasta colaborador del independiente Jaime Rodríguez Calderón sólo logró un primer impacto positivo, después le llovieron las críticas.

No pareció decente que declinara su postulación en aras de un candidato al que acababa de descalificar en los debates y en las declaraciones en que le negaba capacidad para gobernar y sobre todo temple para gobernar sin pasión negativa.

Con la difusión que le dieron a su maniobra la impresión de muchos fue que no se trató de una alianza, sino de una rendición incondicional.

Peor sonó a los demás contendientes el que se proyectara como heredero que vendía su heredad por un plato de lentejas, esto es, sumarse a la campaña del opositor a cambio de un cargo en su Gabinete si es que gana.

Hasta sus hijos en un mensaje insólito lo exhibieron como un político incapaz de quedarse fuera del juego fiel a sus principios, a su historia y al decoro que tiene entre la comunidad.

Nadie lo supone gobernando sino como vocero e instrumento de un gobierno rebelde y extremista.

Como dijo un crítico, el hombre recto y conservador que fue su padre, don Eduardo A. Elizondo, debe estar revolcándose en su tumba por el desplome moral de su hijo.  


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