A Rajatabla

En el galgódromo

Igual que la naturaleza abomina del vacío, la grilla de los políticos se resiste al suspenso, como el que rodea el inminente lanzamiento de los candidatos para la gubernatura.

En ausencia de información verificable, los políticos especulan y formulan hipótesis de fantasía.

Dicen que Margarita Arellanes se va a enfermar al cincopara las doce para ser sustituida por Felipe de Jesús Cantú.

Entre priistas corre la leyenda de que la actual competencia con varios aspirantes se asemeja a una carrera en el galgódromo.

Los galgos se alinean sin ventaja aparente para ninguno. Salvo para uno, un galgo de mentiras.

Ese señuelo es para mantenerlos atentos y corredores.

Los perros corretean con entusiasmo esperando el triunfo si es que alcanzan al galgo que persiguen.

Al final de la carrera, el del engaño se retira y deja que gane la carrera el mejor de los competidores.

¿Qué tal, se preguntan los autores de la especulación, si Ildefonso Guajardo es el galgo de lámina para encandilar y mantener corriendo a todos los demás?

A la hora del destape, dicen, Guajardo se haría a un lado para dejar que gane cualquiera de los otros.

Ellos mismos se contradicen con otra especulación mágica: ¿qué tal si al final resulta que el galgo guía es de carne y hueso y sí reclama el triunfo, como lo tenía calculado su manager?