A Rajatabla

Entre todos

A un mes de los comicios hay quienes se preocupan por la falta de continuidad en la actitud ciudadana que echó a un partido del Gobierno y proyectó a las alturas a un candidato independiente.

Claro que es muy pronto para que haya consecuencias trascendentes del estallido del entusiasmo popular por tomar grandes decisiones para castigar al pasado y proyectar una nueva ética del poder en Nuevo León.

La vida del Estado por supuesto no se agota en una campaña y cuatro meses de transición, pero los que ya debieran ser visibles son los signos ominosos del castigo que supuestamente se viene contra los partidos y los políticos de los últimos años.

No hay grupo que esté presentando propuestas sobre cómo cancelar los moches, el tráfico de influencias y las licitaciones mentirosas.

Si los votos fueron los de casi todos con una furia como nunca se había manifestado aquí, corresponde emprender campañas para sensibilizar a todos los ciudadanos de abrir instancias particulares para indagar hasta dónde la corrupción es un mal generalizado que tiene sus garras sobre toda la sociedad, incluidos comerciantes, industriales, sindicatos y universidades.

No se trata de abrir nuevas versiones de la corrupción, sino que intentemos el cambio desde lo profundo de la sociedad y sin dispensa para nadie.