A Rajatabla

La ciudad posible

Más vale resignarnos a que no volveremos a amarrar los perros con longaniza, ni a sentarnos en la banqueta a tomar el fresco de la noche.

Monterrey es tan segura/insegura como cualquier otra ciudad de su tamaño en el país y en el mundo.

En su masificación, en su anonimato, tenemos que cuidar con más celo a nuestros hijos. Exigir a las autoridades no la paz absoluta e imposible, pero sí las garantías para ir y volver ilesos al trabajo, a la escuela, a la iglesia.

Preocuparnos nosotros mismos, no sólo los funcionarios, por sanear las costumbres en la comunidad.

Poner freno al alcoholismo de nuestros muchachos, por ejemplo. No demandemos ni toleremos que los restaurantes y otros sitios públicos burlen las disposiciones sobre el humo y el tabaco.

No propiciemos el auge de la charlatanería, los imanes, las píldoras rojas y verdes, que denigran la percepción de Monterrey como capital de la salud y la educación. Nadie le pide que se meta a la política de partidos ni que se dedique de tiempo completo a apostrofar al gobernador, a los alcaldes.

Sólo que vea a Monterrey como extensión de su casa, y a los regiomontanos como su familia ampliada.

No volverá el Monterrey sin tránsito, con paseos en la plaza y jovencitos jugando cascarita a media calle. Esa ciudad ya no volverá.

Trabaje por lograr, eso sí, una ciudad amable para los hijos. Eso es todo.