A Rajatabla

La ciudad imposible

No es históricamente exacto pero Monterrey pareciera haber sido diseñada para un clima paradisiaco y para un pueblo de atletas.

Un simple ramalazo invernal como el de esta semana trastoca el transporte masivo, paraliza la obra pública y deja desiertas las aulas.

En las obras públicas, de por sí, suele justificarse la demora en su entrega por causa del clima. Por el frío, porque llovió. Imagínese si sucediese lo mismo en Chicago, en Vancouver, en ciudades europeas de frío congelante. Seguirían a medio edificar.

Lo de ciudad para atletas lo decimos porque el equipamiento urbano de Monterrey difícilmente toma en cuenta las capacidades disminuidas de los niños, los minusválidos y los viejos.

En el Metro no hay escaleras eléctricas. En el par vial no hay cruces peatonales sin riesgo; en las avenidas, contra toda idea de civilización, los autos cruzan a nivel y los peatones por las riesgosas alturas.

El día de la helada fue patético ver a los peatones patinando sobre los puentes helados. Y no es mejor su tortura en los infiernos del verano.

En una ciudad de cuatro millones de habitantes sólo hay baños públicos en la Macroplaza y en algún mercado.

Repartir chocolate caliente a los indigentes en invierno y hospitalizar niños deshidratados en canícula son remedios, no soluciones para hacer de Monterrey la casa abrigadora de sus pobladores.

jvillega@rocketmail.com